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Dragonfly

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Regalo

Para tod@s, pero en especial para Laura , os dejo un enlace . He ordenado la mayor parte de mis relatos (inconclusos) en una web muy sencillita de mi creación.  Cuando me vuelva la inspiración iré subiendo alguno más.

Saludines

En el laberinto de hombres sin rostro y agujas de hormigón

(Un relato...  o algo así)

Al principio, nada, solo oscuridad. Sus sentidos eran incapaces de percibir ningún estímulo. Su mente tampoco era capaz de recordar nada y sus pensamientos eran solo madejas de hilos amontonadas, en el más absoluto de los caos.
Poco a poco fue sintiendo cosas y su cuerpo se fue dibujando de nuevo a medida que le llegaban más sensaciones. Un paso, y otro, y luego otro, y luego otro. La acera bajo sus zapatos, a pesar de todo era capaz de caminar, a pesar de todo, aun estaba vivo y era capaz de sentir cosas. Que fueran sensaciones agradables era otro cantar...
El suelo estaba helado y el frío se colaba desde las suelas de sus zapatos. No era una sensación agradable, pero a la vez que el frío iba trepando por su cuerpo, se iban dibujando piernas, tronco, brazos, manos... cabeza.
Sus pensamientos todavía eran confusos, pero al menos tenía algo en lo que concentrarse, poner un pié delante del otro y seguir caminando, sin perder el equilibrio.
Todo era silencio y penumbra. Apenas escuchaba sus pasos resonando contra la acera, su respiración agitada y los latidos de su corazón. Tal era el silencio que podía escuchar incluso el rumor de sus pensamientos y eso le asustó, porque tenía entendido que pensar era algo silencioso.
Se detuvo un instante y miró hacia arriba. Entonces descubrió el azul oscuro del cielo del anochecer (aunque no recordara todavía lo que era el cielo ni tampoco un anochecer). Y un puntito de luz allá arriba –la luna- y con el brillo de aquella cosa desapareció la penumbra y el silencio y comenzó a sentir más cosas, tantas que le abrumaron.
Se deslizaba en una marea de hombres sin rostro, al atardecer. En realidad, aquellos hombres y mujeres si que tenían rostro, pero no conocía a ninguno de ellos, por lo que todos los rostros se le antojaban iguales. En torno a ellos, un laberinto de agujas de hormigón que acariciaban aquella inmensidad azul oscuro que estaba sobre sus cabezas. Agujas de hormigón acero y cristal, miles de ventanas de cristal espejado que parecían ojos, desde los que seguro otra marea de hombres sin rostro le observaban, cientos de miradas clavadas en él, intentando adivinar quién era, donde se dirigía e incluso lo que pensaba...
Sintió que necesitaba un abrazo y pensó que él podría abrazar a casi cualquiera de aquellos seres sin rostro que le rodeaban, pero no estaba seguro de que ni uno solo de esos seres estuviera dispuesto a abrazarle a él. Y se sintió solo y pequeño, le costó seguir caminando, el peso de su cuerpo parecía haberse multiplicado por dos. Se dio cuenta de que llevaba colgado en bandolera su preciado saco de los recuerdos y lo apretó con fuerza contra su cuerpo, buscando en aquel objeto inerte el calor de un abrazo que nadie quería darle.
Y en aquel instante tuvo un déjà-vu tremendo. Supo que lo que sentía ya lo había vivido, aunque entonces su saco de los recuerdos estuviera cargado de regalos y las ganas de llorar fueran más fuertes. De ese momento le separaban ya algunas lunas (con gran esfuerzo había recordado ese puntito de luz era la luna) y entonces se alejaba de otro lugar distinto y a la vez semejante, a los mandos de aquella nave que tanto le costaba pilotar, intentando que las lágrimas le dejaran ver los mapas estelares.
Y se dio cuenta de que, todo aquello cuanto había sentido y vivido, no tenía sentido alguno, es más, no servía para nada.
Seguía caminando, sin rumbo fijo, temeroso de detenerse, porque quizás si se quedaba parado sería blanco de las miradas de aquellos hombres sin rostro, mientras se dejara arrastrar por la corriente sería uno más. Aunque, por mucho que caminara, quizás nunca sería capaz de encontrar su lugar en aquel extraño planeta. Y quizás nunca encontrara descanso.
Aquel laberinto era muy ruidoso, aquellos sonidos horribles apenas le dejaban concentrarse en sus pensamientos. Recordó que en su preciado saco de los recuerdos llevaba una ciber-caja de música. Le bastó pensar en ella para que aquel prodigio de la tecnología pusiera en sus oídos melodías conocidas, acordes con su estado de ánimo.
La luz había menguado, pero pronto se encendieron falsos soles, su luz era fría y aséptica, pero al menos podía ver donde pisaba, caminar sin tropezar con ninguno de aquellos seres sin rostro. Aquellos falsos soles arrancaban destellos igualmente falsos en los ojos de cristal de las agujas de hormigón que le rodeaban. Recordó el frío tacto del vidrio en sus manos. Después de unos pocos segundos, se dio cuenta que lo que sentía solo podía compararse a una cosa que pudiera imaginar: estar desnudo sobre una cama de cristal helado.....

Pd. opinad sobre el relato en los comentarios, porfa ... Quería transmitir sensación de "agobio" (como estar en un laberinto) y de confusión....

El ángel de la guardia (1)

Fuera el aire era gélido como un abrazo de metal. La luna llena brillaba en el cielo raso, oscuro y amenazador. Las mil y una luces de la ciudad trataban de competir con el brillo de la luna, sin saber que ella había brillado mucho tiempo antes de que existieran y seguiría brillando después de que se apagaran.
Se recostó en el asiento, buscando una posición más cómoda. Suspiró y comenzó a jugetear con su pelo rubio, recogido en una larga trenza. La noche estaba resultando un autentico coñazo.
Tomo una cámara digital que había sobre el salpicadero y observó a través de su pantalla la escena que se desarrollaba unos metros más alla. Una pareja de jóvenes se fundía en mil abrazos, se besaba, en la acera, junto a otro coche, inmunes al frío de la noche, como si el tiempo se hubiera detenido y sólo existieran los dos.
Unas cuantas de fotos y dejó la cámara sobre el asiento del copiloto. Llevaban media hora así. A veces su trabajo resultaba tremendamente aburrido.
Le vio venir desde lejos, pero se quedó inmovil en el interior del coche. El policía llegó a su altura y golpeó la ventanilla.
-Buenas noches-
-Aquí no se puede aparcar. Tiene que mover el coche-
-Es solo un momentito-
-Le repito que aquí no se puede aparcar. Documentación, por favor-
“Al fin y al cabo solo trata de hacer bien su trabajo” pensó mientras buscaba los papeles del coche. Y notó la pena desbordandose en su interior, una sensación fría y desagradable
El agente le obsequió con una receta y luego le dejó marcharse. La parejita seguía atornillada al suelo, en el mismo lugar. Cuando pasó a su lado. Se fijó en la matrícula del viejo audi 100 gris oscuro junto al que estaban los dos jóvenes.
“Yo también intento hacer bien mi trabajo. Quizás esta vez lo consiga”
Dejó el coche en un aparcamiento subterraneo cercano. No tenía un instante que perder, pero la pena acabo de desbordarse en su interior y rompió  a llorar.

30 segundos*

(* título inspirado en la película 60 segundos)

Es esencial no llamar la atención, hay que mimetizarse con el lugar en el que te encuentras.
Apenas un instante, dejó de caminar y observó su ropa. Vaqueros desgastados, sudadera, abrigo de hipermercado, bastante corriente, botas (las había comprado en una tienda de vestuario laboral, calzado de seguridad con puntera reforzada, le habían indicado. No destaba incorporarlas a su indumentaria), guantes y gorro. En un polígono industrial no llamaba la atención sino todo lo contrario. Si la ocasión lo hubiera requerido, se habría enfundado un traje de Armani. Desde luego, con traje y corbata se sentía mucho más a gusto. Recordaba las palabras de su padre, sobre causar buena impresión, ir bien vestido. “Nadie sospecha de un hombre con traje”. Sonrió. Si él supiera lo que había hecho con tal vestimenta.
Con un rápido vistazo, un gesto aparentemente casual, comprobó que no había nadie a su alrededor. Se estaba aproximando a su objetivo, un vetusto y enorme todo terreno. Podía elegir el que más le gustara, delante de tus ojos se alineaba una decena o más, todos blancos y asépticos.

 

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Ni treinta segundos y el motor estaba en marcha. Le pareció demasiado fácil, acostumbrado a los sofisticados sistemas de seguridad de BMW, Mercedes, Audi, Ferrari, Porche, las cerraduras y el contacto del veterano 4x4 japonés se le antojaron de juguete. El áspero sonido del motor diesel era casi desagradable ... los pedales, el cambio, demasiado duros. Pero era lo que le habían pedido, pagaban bien, no hizo preguntas. Seguramente lo querrían para estrellarlo contra el escaparate de alguna joyería, no era asunto suyo. Ver oír y callar.
Se alejó de allí con toda naturalidad. Ni deprisa ni despacio, para no llamar la atención.
Al entrar en la M-40 se dio cuenta, como esperaba, que aquel trasto era lento y de reacciones pesadas, como un paquidermo. En sus sentidos conservaba el recuerdo del ultimo coche que.... (sonrió)..... bueno...... Un Subaru Imprezza, pensar que los dos estaban fabricados en Japón, esa maravilla de la tecnología y aquel cacharro que le costaba pasar de 100.
Sonó el móvil.
-¿Lo tienes?-
-Por su puesto. En 10 minutos lo tenéis donde acordamos-
-Perfecto-

Mientras guardaba el teléfono en el bolsillo del abrigo... apenas fue un instante. Su mirada se posó en la palanca de la caja de transferencia. Enrollada en torno a la palanca, a la altura del fuelle de goma que ocultaba los reenviaos, una pulsera de cuentas multicolores.
Se quedó petrificado, rígido, aferrado al volante, intentando buscar algo de consuelo en su tacto, un punto de apoyo. No tenía tiempo que perder... le estaban esperando, tenía un encargo que cumplir. Pero la pena y la curiosidad pudieron más, salió de la autovía por el primer desvió. Una gasolinera, perfecto. Allí no llamaría la atención. Paró el coche un instante y cogió la pulsera.
-No puede ser-
Era idéntica a una que ella solía usar. Le traía suerte, decía. Siempre la llevaba en el tobillo izquierdo.
Guardó la pulsera en el bolsillo de la cazadora y volvió a arrancar. Le rodaban lágrimas por las mejillas, temblaban sus manos... pero tenía un trabajo que hacer.
Flores. A ella le gustaban. Se prometió que mañana llevaría flores a su tumba.

Enhorabuena Dani!!!

Enhorabuena Dani!!! Es tu montón,
el sueño cae dentro de ti,
que lucha por sobrevivir,
no pares de andar.
Es tu valor,
que nace a base de insistir,
que quiere verte sonreír,
no te eches atrás.
Abre tus brazos si quieres volar,
cada peldaño tendrás que sudar,
haz que ellos crean en ti.

No hay nada imposible para quien sabe esperar,
no importa si te has caído vuelve a levantar,
de pronto la vida brinda una oportunidad,
oportunidad.

Es su sabor,
el que todos quieren sentir,
y pocos pueden seducir,
tendrás que luchar.
Es su color,
el que todos quieren vestir,
pero lo puedes conseguir,
no dudes jamás.
Siente tu alma si quieres ganar,
cada segundo será una verdad,
solo confía en ti.

No hay nada imposible para quien sabe esperar,
no importa si te has caído vuelve a levantar,
de pronto la vida brinda una oportunidad,
oportunidad.

Quizá ese momento está a punto de llegar,
será que tu estrella ya a empezado a destacar,
no importa si te has caído vuelve a levantar,
de pronto la vida brinda una oportunidad,
oportunidad.

Taxi / Tu oportunidad

Esta canción es para ti, Dani. Un abrazo muy fuerte, se que últimas carreras han sido muy difíciles, porque has corrido lesionado. Disfruta del momento, 3 veces campeón del mundo con solo 20 años!! (1 en 125 y 2 en 250). Y me quedo con las palabras de Valentino Rossi: Te espero en Moto GP. Seguramente la temporada que viene será de adaptación, que tu cuerpecito se acostubre a pilotar una bestia de mas de 200 cv...

El oráculo de Nidra (III)

Cuando despertó no sabía donde se encontraba, le dolía la cabeza, se sentía confuso, le costaba recordar algo. Estaba sentado en un desierto vagón de metro, con una mochila en el regazo. Abrió la cremallera y buscó que había dentro, por si le daba alguna pista de qué hacía allí. ¡Una ballesta! Observó el gatillo y las flechas afiladas ¿por qué estaba ahí? ¿Para que la quería?
El vagón llegó a la dolorosa claridad de una estación, la luz le molestaba, le lloraban los ojos. Se puso en pie trabajosamente y, cuando las puertas se abrieron, salió al anden. Le costaba caminar y las pocas personas que esperaban el metro le miraban y se apartaban. Se dirigió a la salida. La confusión daba paso a la prisa, al tiempo que sus pensamientos y sus piernas se aclaraban, sus pasos tamblaleantes se transformaron en una rápida carrera.
Pero ¿por qué corría?
La bruma comenzaba a despejarse en su mente mientras alcanzaba el exterior, como si la luz del día trajera también luz a sus pensamientos. Calles estrechas, suelo mojado, edificios antiguos y un cielo desgarrado de nubes, amenazador. Y ese silencio impropio de una gran ciudad, pesado, aterrador
Algo horrible estaba a punto de ocurrir.
Se detuvo un instante, sacó la ballesta de la mochila y colocó una flecha en su lugar. Después siguió corriendo, un poco más deprisa... quizás era demasiado tarde...
Un par de metros antes de doblar una esquina, le sorprendio un sonido abrupto e indescriptible. Lo que tanto temía se había concretado. Había llegado demasiado tarde.
Paró en seco, solo se escuchaba el viento y los latidos de su corazón...

Despertó de golpe. Al estrépido de los latidos de su corazón se unía el timbre del telefono móvil. Dio una vuelta en la cama y tanteó en la mesilla de noche.

-¿Quién es?-
-Manolo... soy David. Se que te hago una faena, es tu día libre, pero hay muchísimo tajo y Sergio se ha puesto malo.... ¿Puedes venir?-
Le dolía la cabeza y todavía no estaba despierto del todo, le costaba pensar. Pero, en fin, en el trabajo nunca se habían portado mal con él, todo lo contrario.
-En media hora estoy allí-
-¡Gracias tio! En cuanto pueda te daré dos días libres, para compensar...-
Fuera, estaba anocheciendo. Trabajar de noche y dormir de día y los días que libraba, dormía de día y de noche, aprovechando un poquito de la mañana para hacer la compra arreglar la casa.
Se miró en el espejo del bajo. Ojeroso y sin afeitar parecía avejentado, llevaba varias noches durmiendo mal, tenía pesadillas y se despertaba en medio de la noche...

El oráculo de Nidra (II)

Se le había echo tarde. Fuera, la oscuridad se adueñaba de los rincones desde muchos minutos antes. Y la biblioteca estaba a punto de cerrar... Recogió los apuntes y se dirigió a la salida.
Pero antes debía hacer una parada intermedia en el servicio para satisfacer una necesidad imperiosa.
El pasillo estaba oscuro y el servicio aún más oscuro. Mientras buscaba el interruptor de la luz, le asaltó la desagradable sensación de que no estaba sola.
Ni siquiera tuvo tiempo de gritar.

El oráculo de Nidra

(El origen del relato aquí)

Afuera caía el sol a plomo, la luz era dolorosa y caliente, pesada. Pero en el porche de la casona, a la sombra de los paraisos, la temperatura era muy agradable.
La pequeña jugaba sentada en el suelo de grandes baldosas de piedra. Jugeteaba con una canica. Le gustaba el sonido de aquella espera pequeña y brillante al chocarontra el suelo. Sonreia. Y le brillaban los ojos azules.
A su lado, dormitaba un enorme pastor aleman, tirado en el suelo. Su pelaje negro contrastaba con la piel blanquísima y el pelo rubio de la niña. De vez en cuando, la niña se acercaba al perro y le acariciaba el lomo.
Pasaron las horas y el cielo comenzó a poblarse de nubes, ocultando el sol. Comenzó a soplar el viento.
De repente, el perro se puso se levantó lentamente. Movió las orejas, olfateó el aire. Algo no le gustaba.
Comenzó a gruñir, mientras el pelo del lomo se le erizaba. Mostraba los dientes, blancos y afilados y gruñia. Con pasos lentos y nerviosos, se colocó delante de la niña.
Como si quisiera protegerla.

Lluvia sobre el mar

(inspirado en una poesia de Mario Benedetti que nos regaló Arandanilla)

El cielo estaba lleno de nubes oscuras, amenazadores, de una paleta de colores que abarcaban del gris al púrpura, pasando por todos los tonos intermedios.
Apretó el paso, no quería mojarse. A pesar de sus esfuerzos, no logró llegar a su destino antes de que empezara a llover. Apenas alcanzó el puerto, gruesas gotas comenzaron a estrellarse contra el suelo, gris, de un color semejante al del cielo.
Se refugió en uno de los bares del puerto. Pidio un café y se sentó en una de las mesas que había junto a la ventana.
El café estaba caliente y amargo. Ángela se apartó el pelo de la cara, mientras contemplaba la lluvia sobre el mar. Agua, diluyendose en agua, mojando el puerto y los barcos pesqueros amarrados, pero tambien el agua del mar...

(se que es muy poquito... si alguien se anima a contuniarlo)

Intuición (VIII)

(Todo lo publicado hasta ahora aquí)

Mientras dormía, su mente seguía trabajando. Y volvía a virir esa sensación, esa intuición que había sentido antes de que Miriam. Esa sensación tan descorazonadora no le era desconocida..
Sol, calor, brisa, olor a mar y las manos de su madre poniendole crema en la cara. Arena, cubos, palas y castillos.
Era todavía demasiado pequeño para saber lo que era el amor. Pero le gustaba estar cerca de aquella niña. Jugar con ella, hacer castillos de arena. A su lado se sentía seguro y a gusto. Ni siquiera ahora sería capaz de explicarlo, o quizás si. Entre ellos no hacían falta palabras.
Pero un día, sintió aquello. Como si e arañaran la cara por dentro.... Algo malo iba a ocurrir....
Otro día de playa, pero distinto. Había calima y no podía ver el azul infinito del cielo que tanto le gustaba....... el azul infinito del cielo, como el iris de aquella mujer... Se acercó a él, se agachó y le miró a los ojos.... Y volvió a sentir aquella sensación, era desagradable y tenía miedo. Se alejó de allí todo lo rápido que le permitía su pequeño cuerpo, corrio hasta donde estaba su madre...
Aquel día hubo un gran revuelo en la playa. La niña con la que tanto le gustaba jugar desapareció. Y nadie logró encontrarla.
Despertó sudoroso. Estaba en la parte trasera de la furgoneta, en un area de servicio. De nuevo era de noche. ¿Habría dormido todo el día?
Se aseó en el baño de la gasolinera y compró para comer. Tenía que desacerse de la furgoneta, probablemente la estuvieran buscando o no tardarían en hacerlo....
Y recordaba lo que había soñado.... Hacía mucho tiempo que no se acordaba de aquello ocurrió cuando era pequeño, muy pequeño... Otra vez....
Quizás, quienes se llevaron a esa niña se llevaron también a Miriam. Y estaban detrás de él.... otra vez....

La caja de música

Estaba amaneciendo y solo se escuchaba el monótono zumbido del motor de la furgoneta devorando kilómetros. Y Manel, que acariciaba las cuerdas de su guitarra en el asiento trasero. Ningún otro sonido a parte de ese, todos estaban muy cansados, después de estar toda la noche tocando y, salvo el conductor, trataban de buscar algo de sueño.
Una mañana más, después de recoger todos sus bártulos, se dirigían a un nuevo destino, otro pequeño pueblo en fiestas.
Ana bebió un poco de agua.. Después de toda la noche cantando, tenía la voz cansada, la garganta cansada y sabía que esa noche sería igual, muchas horas cantando delante de un grupo de viejos y de niñatos borrachos, seguramente más pendientes de sus pechos que de su voz... Y así una noche tras otra. Se sentía como una bailarina atrapada en una caja de música, obligada a moverse al ritmo de la música y a cantar noche tras otra, durmiendo de día en pequeños hostales, pasando mucho tiempo en la carretera. Muchas veces pensaba si aquello merecía la pene, si tenía algún sentido.
Pero aquella noche de nuevo volvió a subirse al escenario y dejó volar su voz y sintió la magia de la música que tanto amaba corriendo por sus venas......

Intuición (VI)

En la calle hacía demasiado calor. La boca de metro se le antojaba una puerta abierta a un paraiso de penumbra y frescor donde modernos trenes se encargaban de transportale en un suspiro al otro extremo de la ciudad. Además, no le apetecía caminar.
Dejó que las escaleras mecánicas le llevaran poco a poco hasta las entrañas de la tierra, mientras admiraba la arquitectura de la estación.La habían abierto apenas hace un año y sin duda era toda una obra de ingeniería.
Unos pocos escalones mas abajo, un policia, que también se dejaba llevar por la escalera mecánica.
Sin saber por qué, la pistola que llevaba en la cintura atrajo su atención como un imán. Se imaginó por un instante con ella en las manos. ¿Cuanto pesaría? ¿Cuantas balas habría en el cargador?
Sacudió la cabeza. No le gustaban las armas, aunque comprendiera que hasta cierto punto eran necesarias. En las manos equivocadas eran fuente de horror, de muerte, de dolor.
Sin quererlo de nuevo volvió a pensar en la pistola. El policía parecía distraido, así que le pareció fatible acercarse a el por la espalda y arrebatarle el arma. Miro a su alrededor. La escalera mecánica se acababa unos metros mas adelante y daba paso a un amplio vestibulo. Había varías personas junto a la taquilla, esperando su turno para comprar un billete. Con una pistola podría matarlos a todos. A todos.
No entendía que le pasaba. Temblaban sus manos, todo su ser, sudaba a chorros, concentrando hasta el último gramo de su voluntad en ignorar aquela voz que bramaba en su cabeza, que le exigía que se abalanzara sobr el polícia y que le arrebatara el arma. Que le instaba a convertir aquel lugar en una orgia de sangre.
Con gran esfuerzo logró ignorar aquella voz. El policía se dirigió a la taquilla y él sacó el billete del bolsillo con manos temblorosas, encaminandose hacia los torniquetes.
Entonces algo pasó. Todas las personas que había en el vestibulo se volvieron hacia él como si de una sola se tratara y le señalaron. Empezaron a caminar hacia donde se encontraba con pasos rápidos.
Nada de aquello tenía sentido. No fue capaz de meter el billete por la ranura, salto los torniquetes y comenzó a correr escaleras abajo, en dirección a los andenes.
Le estaban esperando. Toda la gente que abarrotaba el anden le estaba esperando. Le atraparon, como atrapa a una tela de araña a una mosca. Le cogieron en volandas, llevandolo cada vez vás cerca de las vías.... Como si quisieran tirarle allí....
Intentaba zafarse de ellos, gritaba, pataleaba, pero todo era inutil.
Entonces escuchó un chirrido que le heló el alma. Un tren estaba a punto de entrar en la estación...

Intuición (IV)

Casi podía escuchar la voz de Miriam “No puedes quedarte ahí tirado, esperando a que todo se resuelva por si solo. Concéntrate y usa tu intuición igual que usas el resto de tus sentidos”.
Aunque necesarias, las preguntas de la policía le resultaron pesadas y dolorosas, removiendo sentimientos y recuerdos. Miriam no tenía familia en España. De madre argentina y padre español, sus padres habían muerto hace tiempo sólo le quedaba algún familiar lejano en Argentina. Compañeros de trabajo a parte era quien tenía una relación más estrecha con ella, por lo que era completamente lógico que le bombardearan con todo tipo de preguntas ¿Alguien podría querer hacerle daño? ¿Tenía algún enemigo? ¿Algún motivo por el que pudiera querer desaparecer?
Según las hipótesis de la policía, estaba bastante claro que Miriam se había marchado por su propia voluntad. Era mayor de edad y podía hacer lo que quisiera con su vida.
Recordaba los momentos que habían compartido. De no haberla conocido quizás pensara que se trataba de una aparición, de un sueño.
Según la policía, su piso estaba tal y como lo dejó el día de su desaparición, no había indicios de que hubieran forzado la puerta o revuelto el interior. Eso tendría que comprobarlo por sus propios medios, pero con cuidado, no fuera a levantar sospechas.
Comprendió que igual que habían venido a por ella, podían volver a por él. Se asustó mucho. ¿Quiénes? ¿Y por qué?
Recorrió de puntillas su piso. Las persianas bajadas y todo en penumbra para mitigar el intenso calor del verano. Abrió un armario. En un rincón, su equipo de escalada, criando polvo para no variar. Pies de gato, cuerdas, aneses, mosquetones. Quizás le hiciera falta más pronto de lo que pensaba…

Intuición (III)

Estaba tirado en la cama, mirando al techo.
Una semana después de la desaparición de Miriam. Ninguna noticia sobre su paradero. Ninguna pista. Nada. En el coche había aparecido su bolso, no faltaba nada. Todo en orden y ni una sola huella. Parecía obra de profesionales. No comprendía por qué alguien podría querer secuestrarla. Por dinero seguro que no. Entre el dinero en metálico y las tarjetas ya había un buen pico.
La policía sugería que se había marchado por su propia voluntad.
No lo creía.
Decidió cogerse unos días de vacaciones. Total, en el trabajo no se concentraba y no le apetecía hacer nada no ver a nadie.
Recordaba su risa y sus ojos color miel.
Se asustó mucho. Se acordaba de ella en pasado... Como si hubiera muerto.
Y se dio cuenta de que solo alguien como ella podía haberla secuestrado o hecho daño.
Eso es lo que había presentido, lo que habían presentido los dos.
Se acurrucó en la cama y rompió a llorar.

Intuición (II)

Continuó trabajando. Pero conforme iba avanzando la mañana se sentía cada vez mas inquieto. Y la certidumbre de que algo malo iba a pasar crecía sengudo a segundo.
Miriam no acudió a la cita. Pensó que algo podía haberla retrasado. Algún marroncito de última hora o quizás el tráfico. La llamó al móvil, al del trabajo y al personal. Apagados los dos. No obtuvo respuesta. Le resultó muy extraño, Miriam raras veces apagaba el móvil. Un sms o tal vez un escueto, "ahora no puedo hablar, te llamo luego". Y sinembargo una de sus compañeras le confirmó que a las tres menos cinco había salido de la oficina.
Entonces tuvo la certeza de que algo malo le había pasado. Volvió a casa en el ceranías, muy nervioso. Pensó en llamar a la policía.... pero ¿que iba a decirles? La policía no entendía de intuiciones, solo de hechos.
Apenas pudo comer ni descansar durante toda la tarde, durante toda la noche. Pegado al móvil, llamando a amigos, a compañeros de trabajo. Nada.
De puro agotamiento, se durmió de madrugada.
A la mañana siguiente el coche de Miriam apareció abandonado junto a una estación clasificadora de mercancías, en las afueras de la ciudad...

Intuición (I)

-Dime. Estaba a punto de llamarte-
-Desde ayer tengo una sensación muy extraña y empiezo a ponerme nerviosa. No logro identificar de qué se trata. Quería saber si tu sientes lo mismo-
Su voz transmitía nerviososmo, al igual que sus palabras. Sintió miedo. Ella nunca se ponía nerviosa.
Se levantó de la silla y recorrió con pasos rápidos los pocos metros que le separaban de la ventana, con el móvil pegado a la oreja.
-Tengo la sensación de que va a pasar algo. Algo malo...-
-¿Tienes mucho lío? ¿Puedo pasar a recogerte a las tres?-
-Como siempre hasta las trancas. Pero lo que no haga hoy siempre lo puedo hacer mañana-
-Te invito a comer. Tal vez entre los dos saquemos algo en claro...-

Show must go on

Inside my heart is breaking,
My make-up may be flaking,
But my smile, still, stays on!


(Queen/The show must go on)

Gracias a todos por vuestros comentarios. Intentaré regalaros post más alegres.
Entre tanto, continua la función.

Metamorfosis (V 3.0)

En poco tiempo ha crecido un montón, aparenta más de 16 años-Pensó, mientras le veía cruzar el umbral. Miguel era un chico bastante alto y robusto para su edad. Por lo demás, no llamaba especialmente la atención. Un adolescente más. Podían dejarle en medio de cualquier gran ciudad que no llamaría la atención lo más mínimo. Al menos, su aspecto interno. Porque nadie puede escrutar el interior de una persona con solo una mirada.
La psicóloga se levantó de la silla y se dirigió hacia Miguel.
-¿Qué tal estás Miguel? ¿Has dormido bien?-
Apenas le dirigió una tímida mirada y un escueto bien. ¿Por qué llevaba bata blanca y mascarilla si era una psicóloga?
Quizás tenía miedo de que le contagiara algo, o al revés. Siguió caminando sin detenerse junto a ella. En el extremo de la habitación había un enorme mueble con multitud de puertas y cajones. Para no variar, habían escondido algo en aquel mueble. Quizás era un CD, una sudadera, una tableta de chocolate o quizás un libro. Le costo apenas 4 o 5 segundos encontrarlo, en uno de los cajones de la parte baja, a la izquierda. Se trataba de una sudadera azul, muy bonita. Para lo que la voy a usar-Pensó. Se la ató a la cintura.
Miró a la psicóloga. Estaba sentada en junto a una pequeña mesa redonda y escribía algo en un ordenador portátil. Podía jurar de qué se trataba: el tiempo que había tardado en encontrar el objeto, su reacción al lograrlo, la forma en la que le había saludado.
Comenzó a caminar hacia ella. Se dio cuenta de que nunca le había visto la cara.... al menos directamente. Tenía unos ojos preciosos, eso si, de un marrón muy intenso. Cuando la psicóloga levantó la vista del ordenador él estaba apenas a unos pocos pasos de donde se encontraba. Se puso en pié rápidamente. Pudo sentir como el miedo creía en su interior.
-Por favor, quédate ahí. No te acerques más.-
Solo quería verla más de cerca, y si era posible sin esa horrible mascarilla.
-No des un paso más, por favor, te lo ruego. No quiero hacerte daño.-
Pero estaba bien entrenada, porque un instante después había serenado su temor. Intentaba establecer una barrera mental para que no fuera capaz de acceder a sus pensamientos y así poder anticipar sus movimientos.
Continuó avanzando hasta quedar frente a ella, apenas a unos pocos centímetros. Apenas era un pelo más alto que ella y desde esa perspectiva podía admirar cada uno de los matices de sus ojos.
Con un rápido movimiento ella sacó algo de los bolsillos de la bata y le roció la cara con algo frío. Antes de perder el sentido le dio tiempo a hilvanar un último pensamiento
Tengo que salir de aquí

Metamorfosis (II)

El momento temido y deseado a la vez llegó. El coche reposaba en la plaza de garaje y la ropa y demás cosas en los armarios. Estaba sentado en el suelo de la que iba a ser mi habitación. Irene me observaba apoyada en el umbral.
-¿Te molesta que esté aquí?-
-Al contrario. Como te dije, necesito que acostumbres al proceso. Que no te asuste. -
Suspiré. Comencé a quitarme lentamente la ropa, dejándola impecablemente doblada sobre la que iba a ser mi cama. Una cama muy grande, a decir verdad, porque un crío de siete años no abulta tanto como un joven de 24, espigado además.....
En silencio. Los latidos de mi corazón se me antojaban increíblemente sonoros. Trataba de olvidarme de todo...Debía relajarme, tenía que estar relajado, si no sería peor, todo se volvería más difícil...si cabe.
Ya estaba desnudo. Me volví un instante y miré a Irene, tratando de sonreír. Su rostro transmitía preocupación, a pesar de todo logró devolverme la sonrisa...
Me percaté de lo frió que estaba el suelo. Por suerte había una pequeña alfombra junto a la cama. Allí me tendí, echo un ovillo...
Respirar profundamente. Vaciar la mente de todo pensamiento. Salvo uno. Luz, luz blanca y pura bañándolo todo. Busca la luz, no está tan lejos. No es necesario viajar años luz a través de galaxias frías y oscuras. Esta dentro de ti....
Perdí el sentido un instante. El dolor me hizo volver a la consciencia y entonces supe que ya había cambiado. Temblaba, me sentía muy débil, el simple hecho de abrir los ojos se me antojaba un reto... Ni siquiera lo intenté, me quedé allí tendido hecho un ovillo. Creí escuchar unos leves pasos junto a mí. Una respiración agitada, antes de que unos calidos brazos me levantaran del suelo para después dejarme suavemente sobre la cama. La caricia de sábanas y mantas en su piel le hizo sentir un poco mejor...
-Aunque viviera diez vidas jamás podré olvidarlo. Una luz blanca que ha brotado de la nada me ha cegado y cuando ha desaparecido ya no eras tu, te habías convertido en un crío..-
Irene me arropaba dulcemente. Me besó en la mejilla y pude notar que estaba llorando, porque aquellas lágrimas tibias resbalaron hasta mi rostro.
-Duerme, mi niño. No tengas miedo. Nada malo puede pasarte...-

Lamento deciros que hay muy poco más escrito (solo fragmentos inconexos) Intentaré continuarlo, pero es que últimamente nada de lo que escribo me gusta, tampoco esto... Es una larga historia que algún día tendré que contaros...