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Dragonfly

relatos

Metamorfosis (I)

Notaba su mirada clavada en mi y eso me ponía nervioso. Sin apartar la vista de la carretera la miré de reojo.
-¿Te molesta que te mire?-
-Al contrario. Siempre es agradable que una mujer bonita te mire. Me pone un poco nervioso, solo eso.-
-Gracias por el piropo.-
-No hay por qué darlas.-
Apreté un poco más el acelerador. Tenía prisa por llegar. Cada segundo que ganara me permitiría toparme las cosas con más calma. Eso era lo mejor. Trataba de no ponerme nervioso y disfrutar del viaje: un día de sol, un buen coche, asfalto seco y una bella dama en el asiento del copiloto. Eso me bastaba.
Mentiría si dijera que su mirada era lo único que me inquietaba. No. Me preocupaba lo que estaba a punto de hacer. Esperaba que la acción, comenzar de una vez, acabar con mis nervios. Para romper el tenso silencio que se había creado entre los dos, comencé a hablar, expresando mis pensamientos en voz alta. Así ella se tranquilizaría también
-En cuanto lleguemos empezare el proceso de...-trataba de buscar la palabra adecuada- metamorfosis: Creo que se le puede llamara así... Es bastante... espectacular, la primera vez que se ve impacta mucho. Debes acostumbrarte a él... -
-No me queda otro remedio. Quiero preguntarte algo... Eso que vas a hacer.... la metamorfosis ¿Qué sientes? ¿Es doloroso?-
Suspiré....
-No es agradable. Todo depende del tiempo que tenga. Si se hace despacio solo es agotador..La primera media hora apenas puedo moverme ni habar y las siguientes ocho o diez horas estoy muy débil. Si se hace deprisa, enseguida puedo valerme por mí mismo. Pero es tremendamente doloroso y peligroso.-
Irene extendió su brazo izquierdo y me acarició la mejilla.
-Así que vas a sacrificarte por nosotros. Vas a poner tu vida en peligro.... Nadie nunca había hecho algo así por mí. No sabes cuanto te lo agradezco...-
Me aferré un poco más fuerte al volante. Sus palabras y el suave tacto de sus dedos en mi cara me producían una mezcla de inquietud y melancolía imposible de describir...
-Ah. Hay una cosa curiosa. Para poder hacer el proceso, debo estar completamente desnudo. Espero que no te importe..-
Nos sonrojamos simultanea y levemente.
-No..no me importa. Al fin y al cabo vas ser mi hijo, y una madre ve muchas veces a su hijo desnudo.-
-Y tu vas a ser una madre para mí. Eso debemos tenerlo en cuenta. Tarde o temprano nos estarán observando. Y un pequeño error puede ser fatal. Sé que va a traerte recuerdos muy dolorosos. Pero trata de comportarte conmigo como la hacías con tu hijo...-
-Créeme, lo intentaré-
Todavía nos quedaban mucho para llegar, muchos kilómetros. Teníamos pensado llegar muy de madrugada, para que nadie nos viera. Manuel se reuniría con nosotros dentro de un par de días. Le quedaban por solucionar algunos asuntos de trabajo. Desde ese momento apenas cruzamos palabra alguna. Paramos a comer al mediodía en un área de servicio. No teníamos demasiado hambre, pero procuramos comer algo, aun nos faltaba mucho para llegar. Nos turnamos en la conducción, porque todo el día al volante era una paliza tremenda. Recostado en el asiento del copiloto, trataba de relajarme, descansar.

Burbuja

-Yo solo quiero irme a casa- acertó a decir entre sollozos...
"Un deseo tan pequeño... " pensó "tan fácil de lograr. menos en un día como este". No sabía a ciencia cierta por qué, pero todo el centro de la ciudad parecía estar colapsado.....
Apartó la vista un instante del coche que le precedía y clavó su mirada en el muchacho que ocupaba el asiento del copiloto. Lloraba en silencio, de forma apenas perceptible. La lluvia se había cebado en sus ropas, en su cuerpo. Estaba completamente empapado. Tiritaba. Gracias a la calefacción un agradable calorcito inundaba el interior del coche, pero no parecía notarlo, como si el frió brotara de lo más profundo de su ser..
Le tendió un pañuelo, sonriendo...
-Ten un poco mas de paciencia. No todo esta perdido. -
Le dedicó un gesto de complicidad mientras, con una ágil maniobra, se coló por el pequeño hueco que había entre un autobús y una furgoneta de reparto. Luego giró a la derecha, adentrándose en una estrecha calle. En la siguiente esquina aparcó el coche, sobre la acera...
-Pronto estaremos en casa-
El chico no entendía nada. Se sentía confuso y febril, pero de todas maneras aun acertaba a recordar que su destino estaba en el extremo opuesto de la ciudad... ¿Cómo demonios iban a llegar hasta allí?
-Ven, sígueme- Ella tomó una de sus manos entre las suyas y le arrastró fuera del coche, de nuevo bajo la lluvia. A regañadientes comenzó a andar detrás de ella. El agua mojaba sus largos cabellos rubios, aplastándolos contra su rostro. Con una mano, se los apartaba de la cara, con la otra tiraba de él. No acertaba a comprender que pretendía. Constantemente miraba a un lado y a otro, observándolo todo, con un leve gesto de contrariedad en el rostro. Volvió rápidamente la cabeza hacía él, mirándole con una mezcla de prisa y de ansiedad, como si quisiera asegurarse de que aun estaba allí. Al toparse con sus ojos marrones, el chico bajó la mirada, ruborizándose.
Apenas habían avanzado unos cuantos pasos más cuando ella se detuvo en seco. Se dio la vuelta y volvió a mirarle. Creyó leer una pizca de desesperación en sus ojos.
-Concéntrate, por favor. Es muy importante-
Sin apenas darse cuenta colocó las palmas de sus manos sobre os hombros del chico.
-¿Puedes recordar mi nombre?-
-Claro... no sé a que viene esa pregunta. Te llamas Miriam-
En el rostro de Miriam se dibujó una sonrisa amplia, luminosa...
-Es todo lo que necesitaba saber... Muchas gracias, Diego-
Meses después, Miriam le explicó por qué ese detalle, en apariencia trivial, era tan importante. Pero en aquel momento, se le antojó la mayor de las estupideces.
Sin saber por qué sintió ganas de abrazarla. Miriam era una mujer muy atractiva. Quizás podría haber sido su madre... pero no acertaba a calcular bien su edad. pensándolo mejor no era posible, era demasiado joven para tener un hijo de su edad...
Volvió a mirarla detenidamente, alargo el brazo y le acarició el pelo mojado. Aquel gesto no pareció desagradarle, pero de todas maneras enseguida apartó la mano. En ese momento se dio cuenta. El día era muy oscuro. Si alzaba la mirada, entre las fachadas de los edificios, allá arriba, podía contemplar un pedazo de cielo gris, completamente cubierto de nubes. Seguía lloviendo con fuerza, es verdad..... Pero ella brillaba. No brotaban haces de luz de su cuerpo, no. Pero irradiaba una calidez especial que todo lo impregnaba... Todo brillaba: las aceras saturadas de lluvia, el asfalto encharcado, las carrocerías de los coches aparcados junto a la acera, las gotas de lluvia deslizándose por el aire hasta chocar con el suelo. Todo brillaba, pero sobre todas las cosas, ella
Sin apenas darse cuenta, Miriam le condujo al interior de un portal, amplio pero aún más oscuro que afuera...
-Lo que vas a ver ahora puede que te asuste, pero no debes tener miedo. No voy a hacerte ningún daño. -
Suspiró y le atrajo hacia sí... En cualquier momento alguien podía sorprenderles allí... Le abrazó dulcemente, mientras notaba como la energía comenzaba a bullir en su interior, presta a emerger de su cuerpo...
Diego no daba crédito a lo que veía. Una burbuja dorada, brillante, surgió de la nada y creció y creció hasta envolverles a los dos...
-No tengas miedo-
Sintió como el suelo se tambaleaba bajo sus pies. Cerró los ojos. Cuando volvió a abrirlos, no se encontraban en el portal sino en una acogedora sala de estar. Miriam estaba frente a él, en cuclillas. Jadeaba como si acabara de hacer un gran esfuerzo. Diego no se atrevió a mover un músculo hasta que ella levantó la cabeza, le miró y sonrió...
-¿Ves como tenía razón?-
Se puso en pie lentamente y volvió a sonreírle.
-Traeré unas toallas para que podamos secarnos. -
Quiso decir algo, preguntarle que había pasado, como habían llegado allí, exigirle una explicación. Pero Miriam colocó el dedo índice de su mano derecha sobre sus labios.
-No digas nada. No es el momento. Más tarde saciaré tus inquietudes. -

Madrid-Cuenca, marzo de 2004

Voces (reloaded)

Voces (reloaded) No es una estrella, ni un globo sonda. Ninguno actuan de forma inteligente ni vuelan a Match 2.
El piloto comprobó de nuevo la pantalla del radar. Aquel objeto, una brillante luz delante de su avión, a unas tres millas, no aparecía en su radar....
¿Cómo era posible? Llamó por radio al EVA (escuadrón de vigilancia aéa) número 3. Aquelo tampoco aparecía en sus radares.
Las alas del caza rasgaban el aire de la noche: clara, serena, con una visibilidad excelente.
Se encontraba de nuevo en su medio natural, en el aire, cara a cara con el vacío, esa nada que no tenmía sino que desafíaba una y otra vez, jugando con él, aferrado a los mandos de su avión.....
Acariciando las nubes, cerca del cielo, donde sin duda estaba su hija....
Ainara...
Aunque no podía, no debía distraerse ni un solo instante, recordaba su pelo negro, sus vivaces ojos color miel, su risa. Apretaba los dientes mientras su corazón se encogía de nuevo de dolor: la pequeña Ainara no estaba ya a su lado...
La Madre de Ainara, su mujer, al despedirse de él antes de cada misión, siempre le decía que aquel trabajo suyo era muy arriesgado. Que debía pensar en su hija. Con su brillante expediente no le costaría encontrar algún puesto en tierra, sin salir del ejercito, desempeñando labores administrativas.... Pero él amaba demasiado volar, jugar con el vacío, sentir como miles de caballos le impulsaban a velocidades superiores a la del sonido. No era un irresponsable:de sobra conocía los riesgos. Simplemente los aceptaba y tomaba todas las precauciones posibles.
Pero fue en tierra, en la firmeza del suelo, donde la pequeña Ainara perdió la vida, cerca de casa, en la calle, sobre el asfalto, bajo las ruedas de un coche.
Sintió como el mismo vacío con el que jugaba cada día le daba la espalda, le lanzaba a un pozo de profindidad insondable, mas negro que la más oscura de las noches.
Una depresión, dictaminaron los psiquiatras.
Lo perdió todo, todo. Su trabajo, su mujer, todo. Era incapaz de dormir: cada vez que conciliaba el sueño, despertaba empapado en sudor. De nuevo había escuchado la voz de su hija, que le llamaba....
Pero todo eso era agua pasada, ahora estaba de nuevo donde quería estar, acariciando las nubes, cara a cara con el vacío. Y aquella luz seguía delante de él: a veces se acercaba, otras se acercaba, trazaba quiebros imposibles, subía y bajaba a su antojo.
Alcanzo 1.6 de match y le pareció que se acercaba al objeto. Entonces...
¡Hola papa!
La radio escupió la voz de Ainara...

PD: aunque parezca increible, esta basado en hechos reales, algo que escuché en uno de esos programas que me encantan sobre fenómenos paranormales, el espacio en blanco (que nadie se moleste en buscarlo por el dial, se lo cargaron)

Voces

Revolviendo en uno de los cajones del armario, buscando aquella corbata que le regaló su padre años atrás. No logró encontrarla, cosa que le apenaba, pues era una persona muy ordenada y le fastidiaba sobremanera extraviar cosas. Pero en su lugar se topó con una vieja grabadora. Aquella que utilizaba cuando estudiaba periodismo y colaboraba con la radio de la universidad. En la era de los teléfonos móviles, los ordenadores portátiles, dvd's y mil más maravillas de la tecnología, aquel trasto se le antojaba arcaico. Pero a Patricia le llamó la atención. Busco las pilas adecuadas, comprobó que aun funcionaba y se pasó toda la tarde jugando con ella.
Se había olvidado de ella cuando la mañana siguiente Patricia, al despedirse de él en el aeropuero, se la dio con una sonrisa traviesa en los labios...
Así podras escuchar mi voz siempre que quieras
Tendido en la cama de aquella anodina habitación de hotel, contemplaba su imagen en el televisor. Después de tantos años como periodista, aun se le antojaba extraño verse en el televisor. Por eso añoraba la época de presentador de los informativos, al emitirse en directo era más dificil que se topara con su propia imagen de improviso.
Ahora era corresponsal de guerra, un trabajo dantesco en ocasiones, pero desde puequeño había sido su sueño...
Apagó la televisión y se concentró en el portatil, esbozando un artículo sobre el conflicto armado que cubría que publicarían en un suplemento dominical...
Mientras jugueteaba con la grabadora, escuchando una y otra vez la voz acariciadora de Patricia...
El eco de su voz se mezcló con el estampido de la granada de mortero que se estrelló contra el hotel, acabando con su vida... Al menos le quedaba el consuelo de tener grabado para siempre en su memoria la voz de Patricia...

Las pequeñas cosas: la pulsera

En el fondo de un cajón, junto a un puñado de fotos metidas en una bolsita de plástico, sus dedos se toparon con la delicada pusera de plata. Apenas un hilo brillante. Y se acordó de Maria Elena, pero no sintió nada. No sintió nada, y eso le preocupó. Quizás se hubiera vuelto tan insensible, quizás jamás volviera a sentir nada: ni odio, ni rabia, pero tampoco amor. Jugueteaba con la pulsera entre los dedos. Recordaba como brillaba en el tobillo izquierdo de Maria Elena. Pero nada más, ni siquiera una punzada de dolor en el estómago, nada. Solo vacío....

El piano

Inspirado en el programa de ayer de MIlenio 3, en el que hablaban de un piano que tocaba solo en un conservatorio... (que miedo!!!)

"Una mudanza", penso, al doblar la esquina y toparse con la acera llena de muebles. Mentros más allá, un enorme camión aparcado. Varios operarios no dejaban de cargar bultos en la caja del camión.
Entonces se topó con el piano. Negro, enorme, inmaculado. Fuera de lugar, allí, sobre la acera. Sin dejar de mirarlo lo rodeó y continuó caminando, con la piel de gallina y los ojos vidriosos.
Recordaba aquellas interminables tardes de otoño, de lluvía tras los cristales y Susana inclinada sobre el piano, el pelo rubio ocultandole el rostro, sus largos dedos acariciando las teclas...

Paisajes mentales

Paisajes mentales La brisa de la mañana me trae un delicioso olor a mar. El sol brilla, pero todavía hace fresco, la temperatura es muy agradable. El mar está en calma y me regala cientos de destellos aterciopelados...

Da igual que esté a 400 kilómetros del mar... puedo imaginarlo, casi puedo acariciarlo...
Entonces me viene a la mente una frase, parte de un relato inconcluso (tranquilos, que no me olvido de "la cárcel del crepúsculo")...

"Siempre la recordaré así, con su negra melena al viento, caminando por el puerto, recorriendo el trecho que le separaba del barco, en aquella mañana brillante como el oro."

Las pequeñas cosas: el anillo

Con la mirada perdida, se dejo caer en el sofá. Escuchó el estruendo de la puerta al cerrarse. Se quedó unos instantes allí, quieto, en silencio, incapaz de moverse. Al final reunió unas pocas fuerzas para levantarse y caminar hasta el balcón..
En la calle, el taxista terminaba de colocar unas maletas en el coche. Su mujer, antes de entrar en el taxi, levantó la mirada y le hizo un leve gesto con la mano. Después se metió en el coche. Desde el balcón pudo ver como el coche se alejaba...

Como solía decirle su madre "el diablo está en las pequeñas cosas". Cuidar los pequeños detalles: uno a uno no significaban nada, pero la suma de todos ellos podía tener consecuencias devastadoras...
Una chapa de titanio del tamaño de la regla de un colegial fue capaz de convertir al Concorde en una bola de fuego. Y un anillo, de acabar con su matrimonio.
No, eso no era verdad, al menos no del todo. Culpar a un pequeño trozo de oro de sus males no era justo aunque sintiera deseos de coger el coche y estamparlo contra el escaparate de una joyería. No... Tan solo fue la gota que colmó el vaso...

Nunca podría olvidar su voz: primero susurros, después gritos que se escuchaban en todo el edificio...
Estaban cenando cuando ella se dio cuenta..
-¿Y el anillo? ¡No me digas que lo has perdido!-
Miró su mano derecha como si fuera la primera vez que la veía. No estaba... el sencillo anillo de oro blanco no estaba en su lugar, en el dedo corazón. Recordaba que por la mañana, mientras se afeitaba, si que estaba ahí.
-¿Ya no me quieres? ¿Por eso te has quitado el anillo?-
-Te quiero tanto como la primera vez que te vi. Debo haberlo perdido, ya sabes... soy un desastre. -
Pero ella no le escuchaba, solo repetía que era un desastre, que apenas pasaba tiempo con ella, que se pasaba la vida trabajando...
Era cierto. Todo el día al volante de la furgoneta de reparto. La hipoteca no perdonaba, pero a cambio, el poco tiempo que pasaba en casa disfrutaba de su nuevo piso: un lugar de intimidad para los dos...
Pero eso ahora daba igual....

Hada

Erase una vez, en el tiempo actual, un hada encargada de velar a un joven. Él tenía todo lo que podía desear: una familia maravillosa, salud, inteligencia, un lugar donde vivir..... Pero era tremedamente infeliz, porque le costaba mucho relacionarse con la gente... Ansiaba alquien a su lado a quien amar y que le amara...
El hada suplicó a sus superiores que la convirtieran en mortal para así ser visible a los ojos del joven y así poder estar a su lado y hacerle feliz. Aunque tal transformación raras veces se había realizado, al ver la pena que inundaba el alma del hada, la convirtieron en mortal...

El hada, bajo su nueva forma de mortal (una bellísima mujer), se materializó en la habitación del joven mientras dormía. Se sentó junto a su lecho y esperó a que despertara...

-Soy tu regalo-le dijo cuando vio que despertaba...
-Vete, por favor, no quiero hacerte daño. Sé que llegaré a amarte, pero me pregunto si tu podrás amarme algún día, siquiera si podrás soportarme. No quiero hacerte daño...


P.D.: Escrito hace unos minutos y muy rápido porque no quería que se me escapara la idea...perdonad las incongruencias si las hay

Luz de la luna

Luz de la luna -Tengo que marcharme a un lugar más cálido- Pensó, mientras dejaba el termómetro en la mesilla. 39 y medio. Mucha fiebre. Sentía dolor en partes de su cuerpo que cuya existencia ignoraba hasta aquel momomento. Cogió el móvil y marcó el número del trabajo.
-¿Sonia? Oye, me encuentro fatal. Creo que tengo la gripe. No puedo ni levantarme de la cama... No puedo ir a trabajar..-
Mientras volvía a dejar el teléfono en la mesilla pensaba que aquel trabajo no iba a durarle mucho más...
En aquel momento ni siquiera le importaba. La energía de la luna vibraba en su interior, llenandolo todo...

Hielo crujiendo bajo sus pies, aire helador y apenas un albornoz para defenderle de él. Continuó caminando trabajosamente por la azotea, pugnando por escapar de la zona de sombras que provocaba la sala de máquinas de los ascensores... Solo unos pocos pasos más...
Un rayo de luz de luna le acarició la punta de la nariz y no pudo evitar romper a reir. Una risa tenue y gélida, su aliento creaba nubecillas de vaho. Se despojó del albornoz, dejando que la luna acariciara el resto de su cuerpo: su pelo cobrizo, sus senos, sus piernas, sus hombros....cada poro de su piel. Sentía como la energía de la luna se adentraba poco a poco en su interior y eso le llenaba de alegría.
Pero el frío era demasiado intenso, apenas resistió unos pocos minutos antes despedirse de la luna y volver al cálido refugio de su piso. Tiritaba sin control, apenas sentía los pies ni las manos. Tras un baño caliente se encontraba un poco mejor. Mañana estaría resfriada, ese era el precio de recibir la energía de la luna, al menos en aquel lugar y en invierno...

Dragón

Inspirado en el comienzo de Rendez-vous, de Jean-Michelle Jarre

El aliento del dragón genera nubes de vapor. A su alrededor todo es hielo y frío, un frío cegador. Apenas le quedan fuerzas. Ni siquiera su gruesa piel escamosa es capaz de aislarle de ese frío. Tampoco su fuerza descomunal es capaz de sacarle del atolladero. Hundido en el hielo hasta la panza, incapaz de liberarse, agoniza poco a poco. Sus aterradores lamentos resuenan en la nada blanca. Nadie parece escucharlos.
Salvo ella. Su magia agudiza sus sentidos. Cada noche, con los ojos llenos de lágrimas, escucha en su lecho los lamentos del dragón. Piensa que su magia quizá sea capaz de liberarla. Pero el miedo es mas fuerte. Sabe que, aun herido, aun moribundo, en su dolor, podría acabar con ella. Su robusta cola, sus afiladas garras, su aliento letal...
No sabe que hacer....

(continuará....)

Pensamiento

Estaba leyendo Medio mago (otro de mis relatos inconclusos, y además "a cachos" al mas puro estilo puzle), cuando tropece con una frase que me dejó helado:

“Es más facil odiar que amar, requiere menos esfuerzo. Es más facil destruir que crear”

Asfalto

Ni siquiera se dio cuenta, pero el brillo del asfalto mojado era idéntico al de la hoja de una navaja de afeitar bien afilada.
Pero no se dio cuenta... No.
Estaba demasiado ocupado en sortear coches a lomos de su moto. Y dentro de su ser, cual dragón enjaulado, se agitaba la ira, como una oleada, como el mar enfurecido que todo lo cubre, todo lo borra...
Dar gas, frenar, cambiar de trayectoria con un ágil movimiento, lleno de brusquedad a cada instante, rozando los espejos de los coches con los contrapesos del manillar...
Mientras, el asfalto dibujaba una sonrisa siniestra bajo sus ruedas, dispuesto a cobrarse su precio...
Aquel chirrido de neumáticos le heló la sangre...
Pero era demasiado tarde...
Cuando despertó de nuevo a la realidad quiso deshacer el error. Freno suavemente, muy suavemente. Pese a todo, la rueda delantera resbaló sobre el pavimento húmedo. Ni siquiera tuvo tiempo de sentir miedo. Sin apenas acertar a comprender nada, impacto violentamente contra aquel enorme camión

game over- murmuró el asfalto en un idioma que solo él conocía...

(de mi cabeza al blog... y para L.)

Una de cal y otra de arena

Para compensar el "cabreado" post anterior, ahí va esto....

Sentada en un extremo del bar, absorta en la pantalla del televisor, apenas llamaba la atención. Cuando quise darme cuenta cruzaba la puerta en dirección a la calle. Volvió levemente la cabeza hacia mí. Apenas pude intuir una media melena cobriza y aquella sutil sonrisa que me regalaba. Después se perdió en la noche, entre las luces de la ciudad y la llovizna, un interminable llanto que invitaba a acurrucarse en un cálido lecho.
Me quedé quieto unos momentos sin acertar a comprender nada. Busqué una mesa donde sentarme. Por azares del destino fui a sentarme en la mesa que ella había ocupado.
Distraído, acaricié la mesa con las yemas de los dedos. Entonces me topé con él. Un pequeño y delicado anillo de palta... Lo sostuve entre los dedos, incapaz de contener la alegría que llenaba mi ser.....


(escrito en agosto de 2002)

Fachada (y 2)

Si mis relatos no hay quien los entienda..... pues ya si pongo un trocito mucho menos... Así que lo pongo enterito... (bueno, no esta terminado, como casi todo lo que escribo... pero bueno... pongo todo lo que hay).

“Su dulce sonrisa me encandiló, me llenó de alegría. Pero pronto me percaté de que era falsa, una simple y traicionera fachada. Leve capa de pintura que cubre el óxido, óxido corroyendo el alma, veneno corriendo por las venas. Aquella impresión me aterró. Creía que los sentidos me habían traicionado, que la necesidad de encontrar a un semejante, cual nómada que se topa con otro humano tras días de caminar por el desierto, me había confundido.
Pero cuando pude por fin charlar con ella en un lugar más apartado, me di cuenta de que no había errado. Tan solo estaba terriblemente cansada. Ansiaba como yo encontrar a un semejante y poder unir nuestras almas, regenerar esa energía perdida que ni el descanso, ni buenos alimentos, ni siquiera el sexo podían renovar.
Pero no era ni el momento ni el lugar adecuado. Debíamos esperar, contener la impaciencia. El corazón es confuso...
Así que me despedí de ella, regresé junto a mis compañeros de juerga. Traté de mitigar la inquietud de la espera ingiriendo alcohol, al que era inmune y no traía ni calma ni agitación a mi ser.”

Relato

Me gusta escribir. Ya casi ni recuerdo la primera vez que me puse delante de un papel en blanco y dejé volar mi imaginación.... Desde entonces han pasado muchos años. Nadie me ha animado (más bien lo contrario) y muy poca gente ha leido lo que escribo. Por timidez... y por pudor ... que uno escribe cada cosa que.... Entre otras cosas, por eso creé la bitácora. Es un poco triste escribir algo y que nadie lo lea...
Esta mañana he abierto una carpeta y he encontrado esto:

Tenía el tacto su piel grabado en las yemas de los dedos. Cada vez que apretaba las manetas de los frenos, revivía la impresión de recorrer cada centímetro de su cuerpo. El susurro de su voz en sus oídos ahogaba el bramar del motor a más de 13.000 rpm. Se acercaba a esa horquilla de derechas. Frenó fuerte de delante y justo al llegar al ápice acarició el freno trasero para entrar cruzado. Se descolgó dulcemente hasta que el deslizador de su mono rozó el asfalto y esa sensación se le antojó idéntica a la de acariciar los delicados senos de Miriam. Roscó el puño a fondo al atisbar la salida del viraje y el tren delantero se elevó suavemente. Sentía su corazón tan lleno de alegría, de gozo, que apenas lo reconocía como suyo.
Lágrimas calientes rodaban por sus mejillas, lágrimas de alegría...


Debe hacer como un año que lo escribí y no recuerdo por qué, o si formaba parte de otro relato, no lo se. Tampoco se si lo voy a continuar....
Se lo dedico a Sire.
Puede que me arrepienta de publicarlo... quizás os parezca una chorrada, quizás no lo entendais... pero ahí esta...