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Bloqueos

Bloqueos

Me encanta leer, pero de un tiempo a esta parte, llevo teniendo lo que yo llamo "bloqueos de lector". Épocas, meses, en los que no me apetece leer nada (salvo blogs y revistas de motos/coches) empiezo libros y no los acabo ...

En esta ocasión, el bloqueo lo han roto dos libros.  Un milagro en equilibrio, de Lucía Exteberría (precioso) y Sucedió en el Ave, firmado bajo el seudónimo de Victor Saltero. El segundo libro lo compré dejándome llevar por los cantos de sirena de los carteles publicitarios en el metro. Un libro no deja de ser un producto, aunque nos dudela un poquito a los que nos gusta escribir. Y, al igual que cosas más mundanas como un rollo de papel higiénico o un coche, también necesita publicidad.

Sucedió en el Ave se deja leer, pero resulta previsible. Para leer en el metro y poco más.

Ya me vale, yo que soy incapaz de terminar la mayor parte de mis relatos, criticando un libro. 

 

La flaqueza del bolchevique

La flaqueza del bolchevique

"Cuando la felicidad es demasiado grande, cuando a uno le curan de una herida demasiado mala, cuando todo es demasiado bonito, sólo hay un presentimiento que un hombre sensato pueda tener: algo está a punto de joderse."

Leí La flaqueza del bolchevique , de Lorenzo Silva , en octubre de 2000. Uno de esos libros que te enganchan y prácticamente devoras.

Allá por 2003 fue llevada a la gran pantalla. Una adaptación bastante buena que me permitió descubir a Extremoduro (aunque más tarde) y rincones de Madrid que no había pisado nunca.

Os recomiendo el libro y, como banda sonora, 4 canciones de extremoduro

Puta (con la que comienza la peli)

Standby (ENORME ... ya es parte de mi vida)

A fuego

So payaso (esta no forma parte de la banda sonora pero me encanta ...) 

Carretera

Carretera

Siempre que he viajado en coche me ha producido placer, cuando ya había recorrido
el trecho suficiente para sentirme lejos de casa, bajarme de él y mirar el campo, el mar o lo
que fuera apoyado en la máquina. Hay un algo reconfortante en la soledad que se percibe;
la propia y la del vehículo sometido a tu voluntad, que no tiene más remedio que ir y llevarte
a donde lo dirijas, aunque aceleres sólo por acelerar, sin rumbo.

Lorenzo Silva - La flaqueza del bolquevique

Un relato

Epílogo , de Teresa Álvarez.

Me ha encantado

Cicatrices

No intentes enterrar el dolor: se extenderá a través de la tierra, bajo tus pies; se filtrará en el agua que hayas de beber y te envenenará la sangre. Las heridas se cierran, pero siempre quedan cicatrices más o menos visibles que volverán a molestar cuando cambie el tiempo, recordándote en la piel su existencia, y con ella el golpe que las originó. Y el recuerdo del golpe afectará a decisiones futuras, creará miedos inútiles y tristezas arrastradas, y tú crecerás como una criatura apagada y cobarde. ¿Para qué intentar huir y dejar atrás la ciudad donde caíste? ¿Por la vana esperanza de que en otro lugar, en un clima más benigno, ya no te dolerán las cicatrices y beberás un agua más limpia? A tu alrededor se alzarán las mismas ruinas de tu vida, porque allá donde vayas llevarás a la ciudad contigo. No hay tierra nueva ni mar nuevo, la vida que has malogrado malograda queda en cualquier parte del mundo.

Beatriz y los cuerpos celestes - Lucía Etxeberría

La reina sin espejo

La reina sin espejo

Acabo de terminar de leerme "La reina sin espejo ", de Lorenzo silva. Me ha encantado.

Es la quinta entrega de la serie dedicada a los investigadores de la Guardia Civil Bevilacqua y Chamorro. Los descubrí allá por el año 2000 con "El alquimista impaciente" y desde ahí he leido todas las entregas de esta serie y otros libros de Lorenzo Silva (destacar Noviembre sin violetas).

No voy a destripar el libro, simplemente recomendarlo. Y apuntar dos detalles que me han sorprendido: que aparezca el mundillos de internet (messeger sobre todo) y la música de Marea ;) 

Saturno

Saturno

-Perdona, voy al water- es la única respuesta pero, antes de alejarse, le da unos golpes suaves en el brazo mientras mira hacia el fondo del bar por encima de la espalda del otro. Al volver del water no encuentra a Ignacio. Coge el vaso y se sienta. En ese mismo momento se le ocurre que la noche se le hace larga. Decide que se irá a casa en cuanto Ignacio vuelva, sobre todo porque falta poco para que salga Saturno, de otro modo, bebera demasiado para manipular el telescopio. Una cosa es la nube que suaviza las afiladas aristas del mundo y otra es la urgencia por dormir. Cuando piensa que va a pedir otra copa, no hay ningun rastro del amigo. He empezado a aburrirme, piensa.
-No eres tu solo, yo tambien me estoy aburriendo- dice una voz de mujer a su lado.
Luis se asusta y mira hacia el lado de la chica. Desconocida. Empieza a girar el vaso, como si el mojado clic-clac del hielo fuera una respuesta. En los bares ponen siempre hielo en el whisky.
-Has hablado en voz alta. No es de extrañar, a estas horas.
Luis mira de nuevo. La chica esta sentada casi a su lado, con una espumosa copa de cerveza y el pelo largo, del mismo color, vuelto hacia dentro a la altura del cuello, queriendo tocar la barbilla.
El pelo de la chica se mueve hasta casi dejarle la cara a oscuras, siguiendo el fluir de las palabras.

-No te avergüences, seguramente todos los que estamos aquí nos aburrimos. Y para los que están en otros bares es igual.
Luis siente un miedo profundo, como si al mirar la cara de la chica se colocara ante algún grave peligro. Después de dar un sorbo, se atreve.
-Y tú, ¿qué haces aquí?
-Lo mismo que tu, esperar a alguien
Si no supiera que es imposible, Luis pensaría que a la chica le sale la voz de los ojos. Azules, como el cielo al atardecer, en medio de una melena color cerveza. Luis ha terminado la segunda copa, pero el nudo de la garganta no se afloja. Ignacio no aparece. S.O.S., piensa, mirando a sus zapatos.
-Maite, Maitetxo.
Luis mira a la chica. Más abajo del pelo oro pálido, justamente por encima del jersey blanco de lana, sobre el borde de la espalda, ve una garra, tan ancha como peluda. Habla el dueño de aquella garra
-Vamos a casa Maite.
Cuando la chica se pone dócilmente de pie, Luis echa una mirada al dueño de la garra. Calvo, gafas redondas y labios anchos y sanginolentos en medio de una cara sin barbilla.
-Hasta otra- le dice la chica desde la espalda del gorila.
Luis se pone en pie, sin saber qué decir no qué hacer. En ese mismo momento aparece ignacio, dos copas llenas en la mano.
-¿Los conoces?-Le pregunta Luis casi en voz alta.
-¿A quiénes?
-A esa chica y al gorila que la lleva del hombro-a Ignacio siempre le cuesta incorporarse a un tema nuevo. Es seguro, pero no inteligente.
-Quien, ¿el calvo?
-Sí, sí- dice Luis, que está a punto de dirigirse hacia la chica.
-Conozco al hombre. Vende coches de segunda mano. Garmendia. Tú también lo conoces.
En el interior del bar, la oscuridad es mayor cuanto más alejado se está de la barra. Junto a la puerta no se ve apenas nada. Cuando desaparece el gorila la chica vuelve la cabeza hacia Luis, los ojos muy abiertos, los suaves extremos de la melena juntos bajo la barbilla. Cada brizna desprende luz blanca.
-Saturno- dice Luis.

Saturno.
Arantxa Urretabizkaia
Alfaguara hispanica

 

La noche

La noche

(Felipe Benítez Reyes) Más poemas de este autor aquí.

Todos hemos llegado, a esta hora,
al final indistinto de otro día.

Igual que las columnas de los templos turísticos,
igual que las antenas
que cubren la ciudad, permanecemos
de frente ante la noche,
fatigados de luz y de trabajo.

Alguno se dispone a la lectura
de una nueva novela o de unos versos
de geométricas metáforas
y algún otro recorre el laberinto
de intriga y de ambición que es nuestra Historia
en alguna costosa enciclopedia
ilustrada con gráficos y fotos
de holocaustos modernos.

En la penumbra tersa y repentina,
habrá quien se apresure a celebrar
el espejismo frágil de otro cuerpo
conmovido y hierático,
desnudo como el agua,
que el tiempo arañará con garra firme.

Alguien escribirá una carta inútil,
traicionada sin duda
por esos enemigos poderosos
de la expresividad: los adjetivos
que intentan transmitir la esencia íntegra
del dolor verdadero.

Alguno invocará su paz con ansiolíticos
y algún otro será
el solitario alquimista del sexo de los ángeles
en la galaxia virtual de las cabinas* porno,
absorto y sorprendido como un niño.

Alguien colocará explosivos redentores
en nombre de una raza y su bandera
y algún otro abrirá la puerta helada
del infierno acordado con él mismo.

En esquemáticos apartamentos de alquiler,
hay quien hace reír y quien llorar
a seres temerosos que miran las estrellas
o las luces en línea de aeropuertos lejanos.

Alguno sueña ya con los piratas
heroicos y feroces de una infancia inmortal
y muchos tejerán las pesadillas
barrocas que conciben los adultos
con visionarios fallos de guión.

Todos hemos llegado al final de otro día.

Y cada cual se dispone a proseguir
su más secreto rumbo
por el túnel salvaje de la noche.

(* título de un episodio de la serie de Tv Policías. De ahí salió el post)

El gato Mog

El gato Mog

Abría el año con un post en el que recordaba parte de un cuento pero no tenía ni idea de como se llamaba. Gracias a la ayuda de Galatea he descubierto como se llama el libro

El gato Mog

Os dejo la sinopsis, sacada de ésta página

¿Podéis imaginaros un gato casi tan grande como una ballena? Pues así era el gato Mog. Su dueña le dio de comer un poco de leche con levadura y el gato empezó a crecer y crecer... Tanto creció que era más grande que un elefante, casi tan grande como una ballena. Y por eso le sucedieron tantas cosas. A partir de 7 años.

De dónde la memoria

¿De dónde la memoria
llega y se mira
cual si buscara ahora
la fe perdida?

No tiene escapatoria
Tierra baldía
El pasado se forma
De tentativas

Si acuden las congojas
A nuestra cita
Allí donde se posan
Quedan cautivas

Ya no viene la aurora
Como solía
Alegre y remolona
Puerta del día

Guitarras candorosas
Sirven de guúa
Y sus hebras son glorias
Que desafinan

El mar pone gaviotas
En las orillas
Y el horizonte monta
Su lejanía

Ya se fue la memoria
Desfallecida
Y quedamos a solas
Con esta vida

Mario Benedetti

Quisiera que alguien me esperara en algún lugar

Quisiera que alguien me esperara en algún lugar Este es el libro que ha roto mi “crisis” de lector. Lo vi en un folleto publicitario de la Fnac y no se por qué me llamó la atencion. Supongo que fue el título. A mi también me gustaría que alguien me esperara en algún lugar... Y después de leerlo supe que no me había equivocado. Son varios relatos distintos, algunos... impactantes...
Os lo recomiendo.

El sufrimiento de María (por Almudena Grandes)

El vestido le queda muy bien. De un tejido vaporoso, estampado en tonos claros, con un escote profundo, veraniego, que se ata detrás de la nuca y revela a la mujer joven y hermosa que es a veces, no le gustó nada cuando su madre se lo trajo a casa, pero le gusta hoy, porque hoy está decidida a que todo salga bien. Y sabe que eso no depende de ella, que no tiene una capacidad completa para decidir sobre sí misma, pero es inteligente, hasta muy inteligente, y ha aprendido a desarrollar ciertos hábitos de control que suelen funcionar cuando funciona la medicación, cuando se mitiga el sufrimiento.
Ahora está sentada en su habitación, delante del espejo. Su madre, su padre, su hermana, han llamado a la puerta varias veces para preguntar como está, para ofrecer su ayuda, pero ella los ha rechazado a todos, con un acento alarmantemente crispado la primera vez, más relajado después. La puerta de su dormitorio no tiene pestillo, pero ninguno se ha atrevido a abrirla. La han dejado sola, y sola se ha puesto las medias, las sandalias, sola se cepilla el pelo, sonriendo a sus uñas tan cortas como siempre e igual de bien limadas, pero pintadas ayer de un rojo fuerte. Cuando termina, se mira al espejo, estudia su rostro, intenta sonreir.. Se llama María y tiene 28 años, y a veces parece mucho mayor, otras mucho más joven, porque el rictus profundo que une la base de su nariz con la comisura de sus labios no sabe negociar, intercambiar su identidad, su aspecto, con el brillo líquido y triste de sus ojos de niña desvalida, siempre abiertos, muy grandes, muy expuestos a la herida de las lágrimas. Pero su piel no es la piel de una niña, porque se apaga como una llama amarillenta en sus mejillas, y tiene la consistencia de la tierra, arenosa, mate, excepto en las ojeras, oscuras, perpetuas. Por eso, y porque sabe que hoy todo va a salir bien, decide pintarse.
Ésa es una tarea difícil, complicada. María lo sabe aunque no alcance a desentrañar los motivos de esa dificultad, la naturaleza del malintencionado espíritu que se apodera de sus dedos, de la brocha, de la caja del colorete, para convertir su rostro dolorido, pero digno, en la mascara espantosa de un macabro carnaval privado. Ten cuidado, se advierte, y vuelve a mirarse, y comprende que hoy está completamente drogada, que su madre ha debido incrementar la dosis de las pastillas del desayuno, y lo entiende, porque hoy se casa su hermano mayor y la familia entera va la boda, no puede estropear nada, pero el lapiz de ojos le tiembla en la mano y la raya del párpado le sale fatal, quebrada y rota como la espina dorsal de un pez deforme, y antes de que pueda darse cuenta, sus puños se han cerrado alrededor de dos gruesos mechones de su propio pelo, y tiran con fuerzam cada vez con más fuerza, y hacia abajo, cada vez más abajo, y sus rodillas impulsan sus piernas, rígidas de repente como martillos hidráulicos, contra sus talones, y los tacones altos de sus sandalias se clavan en el suelo, y no, no, no, no, se dice, no, no, no, y obliga a sus manos a soltar su presa, y estira las piernas y respira muy despacio, un, dos, tres, y contiene las lágrimas, el grumo de desesperación que rellena su garganta, un, dos, tres, y nadie sabe, nadie podrá saber jamás, como sufre María, joven y hermosa, inteligente, hasta muy inteligente, ventiocho años, nueve ya desde que le diagnosticaron esquizofrenia paranoide.
-Pili...- llama a su hermana con esa voz gutural, viscosa, odiosa, de las sobredosis-. Pili, ¿puedes venir a pintarme los ojos?
Y Pili viene, y la cubre de besos, y le habla con el tono ridículo de niñera vocacional que emplean todos en su casa cuando la ven mal, y ella se lo ha dicho muchas veces, no quiere que le hablen así, que no es una niña, que no es tonta, pero hoy se calla, porque está cansada, atontada, harta. Su hermana la maquilla muy bien, mucho mejor de lo que habría logrado ella misma, pero algo se ha roto ya dentro de María, ella lo sabe, y no sabe si podrá recomponerlo. Una tristeza oceánica, ilimitada, abismal, la acompaña al otro lado de su puerta sin pestillo, donde todos la besan de más, la piropean de más, la miran de reojo más de la cuenta. Entonces, irritada por la ambigüedad culpable de las miradas que saben y que no quieren saber, Maria ve llegar el resplandor de un fogonazo, un destello oscuro que curza su imaginación de punta a punta, y no, se dice, no, no, no, y respira despacio, un, dos, tres, un, dos, tres, y se quiere morir, y sigue sufriendo...

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Esto lo encontré en una revista de El País Semanal. Tengo la manía de guardarlo todo, pero muchas veces ni me acuerdo por que he guardado las cosas, estaba a punto de tirar la revista a la bolsa del papel para reciclar y vi este texto, en una de las últimas hojas y al leerlo me emocioné, de tan bien hecho y de tan doloroso y ahora os lo regalo....

Órbita cementerio

—«A 36.000 kilómetros de la tierra —leyó ella— se halla una órbita geoestacionaria, fija a la atmósfera porque se mueve a la misma velocidad de la Tierra: la Órbita Cementerio, como se denomina a aquella a la que se envían los satélites cuando pierden su vida útil. Todos los satélites disponen de una energía de reserva, de forma que, si se presenta algún problema, este último remanente de combustible se aprovechará para enviarlos a esa órbita, donde quedarán fijos en el espacio sin necesidad de ningún motor que los mantenga en su sitio.» O sea, para entendernos, que los pobres satélites son como elefantes que van a morir a su necrópolis común. No deja de tener su lado poético, si lo piensas. Imagínate, Bea: unos cachivaches enormes cuya labor principal era la comunicación, mudos, aislados para siempre, rodeados de un ejército de cachivaches similares que tampoco podrán comunicarse nunca más. Alucinante, ¿no?
(...............)
A veces pienso, Mónica, donde quiera que estés, que a mí me ha pasado lo mismo. Que fui enviada al mundo con una misión: comunicarme con otros seres, intercambiar datos, transmitir. Y sin embargo, me he quedado sola, rodeada de otros seres que navegan desorientados a mi alrededor en esta atmósfera enrarecida por la indiferencia, la insensibilidad o la mera ineptitud, donde una nunca espera que la escuchen, y menos aún que la comprendan. A nuestro alrededor giran universos enteros, estrellas, soles, lunas, galaxias, aerolitos, grandes constelaciones, nubes de gas y polvo, sistemas planetarios, materia interestelar. Hasta basura espacial. Pero sobre todo, un silencio insondable que todo lo absorbe. Un vacío enorme y negro, una quietud indescifrable.
Y aunque sé que no debería ser así, el caso es que me siento a millones de años luz de cualquier señal de vida, si la hay, que se desarrolle a mi alrededor. Siento que navego en la órbita cementerio.

Lucía Etxebería, Beatriz y los cuerpos celestes

Las leyes de la robótica

-Primera ley:
Un robot no debe dañar a un ser humano ni, por inacción, permitir que sufra daño.

-Segunda ley:
Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos excepto cuando dichas órdenes entren en conflicto con la primera ley.

-Tercera ley:
Un robot debe proteger su propia existencia siempre y cuando dicha protección no entorpezca el cumplimiemto de la primera y segunta ley.

Isaac Asimov.

Mmmmm.... estoy deseando que llege el 30 para ver Yo Robot.

El corazón es confuso...

Es una frase que utilizo mucho para referirme al amor....a las relaciones de pareja...a los sentimientos contradictorios....y no es mía (como suele) sino que la tomé prestada de un libro...

“Ha dicho Sí, con su voz más opaca, más decidida:no es la voz que tiembla alguna vez cuando nos despedimos. Siempre nos despedimos para dos días, para cuatro, a lo sumo, pero alguna vez hemos estado a punto de llorar al despedirnos, y hemos llorado, aunque nos separábamos porque deseábamos separarnos, y solo nos separábamos para un par de días. El corazón es confuso.”

Justo Navarro, El alma del controlador aereo.

Os lo recomiendo, es muy bueno, aunque un poco raro (a mi hermana no le gustó nada por eso).
Bestios

PD: por fin un post coherente...

Citas escogidas (I)

Citas escogidas (I) Como bien señaló alguien, ninguna cadena es más fuerte que su eslabón más débil.
Lorenzo Silva, El alquimista impaciente