
Al doblar la curva y toparme con la imagen de la máquina quieta en medio del sembrado, inerte, la comparé automáticamente con un escorpión. Resulta curioso que el amarillo y el rojo, colores que significan peligro, adornen el cuerpo de criaturas igualmente peligrosas, como escorpiones, avispas o esas setas venenosas de inofensivo aspecto que parecen sacadas de un cuento infantil.
Amarillo y negro: el color con el que se destacan las maquinarias de obras públicas o las lineas de alta tensión.
Hay gente que teme a las alturas, a los ascensores o a las multidudes. A mi me da pánico la electricidad. Desde los 220 V CA de mi casa (por ejemplo en el baño, a parte del halógeno del techo no uso nada conectado a la red, que para eso tengo mi radio-maraca o el cd portatil) pasando por los 12 V CC de la batería del coche... Por no hablar de esas enormes lineas de alta tensión (al lado de mi casa hay unas cuantas). El leve zumbido que producen (perceptible solo cuando estas justo debajo de ellas), semejante al de un transformador, me pone el vello de punta.
La maquinaria no me produjo ningún miedo. Más bien respeto. Ante un bicho tan grande, siempre me surje la duda de si sería capaz de llevarlo. Y que clase de pendientes sería capaz de superar (supongo que bastamte cercanas a la verticalidad).
El amarillo de la máquina contrasta con el marron del suelo, el cielo encapotado de un gris plomizo y el verde de la cebada. Curiosa combinación...