La sonrisa de A.
Finales de agosto, hace tres o cuatro años. Madrugada, en pelnas fiestas del pueblo. El oscuro azul del cielo compienza a aclararse poco a poco, señal de que el alba está cercana.
Estaba sentado en la peña, en unos incomodísimos escalones de cemento. El sueño comenzaba a ganarme la partida, como le había sucedido a los demás, muy poquitos ya aguantabamos despiertos. Estaba a punto de irme a dormir cuando me fijé en A., la prima de J. Estaba tendida en uno de los costrosos sofas de la peña, con los ojos cerrados. La vi tan cansada que casi me dio pena. Entonces, una sutil sonrisa se dibujó en su rostro, una sonrisa delicada y preciosa... Guardé ese instante mágico dentro de mi corazón y me fui a dormir...
(en días como hoy no me queda más remedio que recurrir al cajón de los recuerdos para poder sonreir...)
Estaba sentado en la peña, en unos incomodísimos escalones de cemento. El sueño comenzaba a ganarme la partida, como le había sucedido a los demás, muy poquitos ya aguantabamos despiertos. Estaba a punto de irme a dormir cuando me fijé en A., la prima de J. Estaba tendida en uno de los costrosos sofas de la peña, con los ojos cerrados. La vi tan cansada que casi me dio pena. Entonces, una sutil sonrisa se dibujó en su rostro, una sonrisa delicada y preciosa... Guardé ese instante mágico dentro de mi corazón y me fui a dormir...
(en días como hoy no me queda más remedio que recurrir al cajón de los recuerdos para poder sonreir...)
En el escritorio, en la mochila, allá donde voy, nunca falta una botellita de agua... Ahora, con este calor -anuncian otra ola de calor :( horror- es más que necesaria. Incluso en invierno, siempre tengo una a mano una botellita. Soy muy inquieto, necesito tener algo en las manos, lo que sea... muchas veces la botellita de marras...