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Se muestran los artículos pertenecientes al tema relatos. RegaloPara tod@s, pero en especial para Laura , os dejo un enlace . He ordenado la mayor parte de mis relatos (inconclusos) en una web muy sencillita de mi creación. Cuando me vuelva la inspiración iré subiendo alguno más. Saludines Miércoles, 30 de Agosto de 2006 20:47 Autor: dragonfly. Enlace permanente. Tema: relatos Hay 2 comentarios. En el laberinto de hombres sin rostro y agujas de hormigón(Un relato... o algo así) Pd. opinad sobre el relato en los comentarios, porfa ... Quería transmitir sensación de "agobio" (como estar en un laberinto) y de confusión.... Jueves, 09 de Febrero de 2006 22:06 Autor: dragonfly. Enlace permanente. Tema: relatos Hay 5 comentarios. El ángel de la guardia (1)Fuera el aire era gélido como un abrazo de metal. La luna llena brillaba en el cielo raso, oscuro y amenazador. Las mil y una luces de la ciudad trataban de competir con el brillo de la luna, sin saber que ella había brillado mucho tiempo antes de que existieran y seguiría brillando después de que se apagaran. Se recostó en el asiento, buscando una posición más cómoda. Suspiró y comenzó a jugetear con su pelo rubio, recogido en una larga trenza. La noche estaba resultando un autentico coñazo. Tomo una cámara digital que había sobre el salpicadero y observó a través de su pantalla la escena que se desarrollaba unos metros más alla. Una pareja de jóvenes se fundía en mil abrazos, se besaba, en la acera, junto a otro coche, inmunes al frío de la noche, como si el tiempo se hubiera detenido y sólo existieran los dos. Unas cuantas de fotos y dejó la cámara sobre el asiento del copiloto. Llevaban media hora así. A veces su trabajo resultaba tremendamente aburrido. Le vio venir desde lejos, pero se quedó inmovil en el interior del coche. El policía llegó a su altura y golpeó la ventanilla. -Buenas noches- -Aquí no se puede aparcar. Tiene que mover el coche- -Es solo un momentito- -Le repito que aquí no se puede aparcar. Documentación, por favor- “Al fin y al cabo solo trata de hacer bien su trabajo” pensó mientras buscaba los papeles del coche. Y notó la pena desbordandose en su interior, una sensación fría y desagradable El agente le obsequió con una receta y luego le dejó marcharse. La parejita seguía atornillada al suelo, en el mismo lugar. Cuando pasó a su lado. Se fijó en la matrícula del viejo audi 100 gris oscuro junto al que estaban los dos jóvenes. “Yo también intento hacer bien mi trabajo. Quizás esta vez lo consiga” Dejó el coche en un aparcamiento subterraneo cercano. No tenía un instante que perder, pero la pena acabo de desbordarse en su interior y rompió a llorar. Sábado, 17 de Diciembre de 2005 20:53 Autor: dragonfly. Enlace permanente. Tema: relatos Hay 2 comentarios. 30 segundos*(* título inspirado en la película 60 segundos) Es esencial no llamar la atención, hay que mimetizarse con el lugar en el que te encuentras.
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Ni treinta segundos y el motor estaba en marcha. Le pareció demasiado fácil, acostumbrado a los sofisticados sistemas de seguridad de BMW, Mercedes, Audi, Ferrari, Porche, las cerraduras y el contacto del veterano 4x4 japonés se le antojaron de juguete. El áspero sonido del motor diesel era casi desagradable ... los pedales, el cambio, demasiado duros. Pero era lo que le habían pedido, pagaban bien, no hizo preguntas. Seguramente lo querrían para estrellarlo contra el escaparate de alguna joyería, no era asunto suyo. Ver oír y callar. Mientras guardaba el teléfono en el bolsillo del abrigo... apenas fue un instante. Su mirada se posó en la palanca de la caja de transferencia. Enrollada en torno a la palanca, a la altura del fuelle de goma que ocultaba los reenviaos, una pulsera de cuentas multicolores. El oráculo de Nidra (IV)Entregas anteriores: primera, segunda, tercera. Colgado del techo, esperaba. Se sentía debil y hambriento. Incluso le costaba un gran esfuerzo mantenerse allí, en la oscuridad, colgado del techo. Pero... Algo se acercaba, quizás una presa. Un leve sonido, casi imperceptible y una sombra. Un humano. Justo lo que necesitaba. Desplegó sus alas y mostró sus garras retráctiles. Con el mayor de los sigilos, se abalanzó sobre su presa... El oráculo de Nidra (III)Cuando despertó no sabía donde se encontraba, le dolía la cabeza, se sentía confuso, le costaba recordar algo. Estaba sentado en un desierto vagón de metro, con una mochila en el regazo. Abrió la cremallera y buscó que había dentro, por si le daba alguna pista de qué hacía allí. ¡Una ballesta! Observó el gatillo y las flechas afiladas ¿por qué estaba ahí? ¿Para que la quería? El vagón llegó a la dolorosa claridad de una estación, la luz le molestaba, le lloraban los ojos. Se puso en pie trabajosamente y, cuando las puertas se abrieron, salió al anden. Le costaba caminar y las pocas personas que esperaban el metro le miraban y se apartaban. Se dirigió a la salida. La confusión daba paso a la prisa, al tiempo que sus pensamientos y sus piernas se aclaraban, sus pasos tamblaleantes se transformaron en una rápida carrera. Pero ¿por qué corría? La bruma comenzaba a despejarse en su mente mientras alcanzaba el exterior, como si la luz del día trajera también luz a sus pensamientos. Calles estrechas, suelo mojado, edificios antiguos y un cielo desgarrado de nubes, amenazador. Y ese silencio impropio de una gran ciudad, pesado, aterrador Algo horrible estaba a punto de ocurrir. Se detuvo un instante, sacó la ballesta de la mochila y colocó una flecha en su lugar. Después siguió corriendo, un poco más deprisa... quizás era demasiado tarde... Un par de metros antes de doblar una esquina, le sorprendio un sonido abrupto e indescriptible. Lo que tanto temía se había concretado. Había llegado demasiado tarde. Paró en seco, solo se escuchaba el viento y los latidos de su corazón... Despertó de golpe. Al estrépido de los latidos de su corazón se unía el timbre del telefono móvil. Dio una vuelta en la cama y tanteó en la mesilla de noche. -¿Quién es?- -Manolo... soy David. Se que te hago una faena, es tu día libre, pero hay muchísimo tajo y Sergio se ha puesto malo.... ¿Puedes venir?- Le dolía la cabeza y todavía no estaba despierto del todo, le costaba pensar. Pero, en fin, en el trabajo nunca se habían portado mal con él, todo lo contrario. -En media hora estoy allí- -¡Gracias tio! En cuanto pueda te daré dos días libres, para compensar...- Fuera, estaba anocheciendo. Trabajar de noche y dormir de día y los días que libraba, dormía de día y de noche, aprovechando un poquito de la mañana para hacer la compra arreglar la casa. Se miró en el espejo del bajo. Ojeroso y sin afeitar parecía avejentado, llevaba varias noches durmiendo mal, tenía pesadillas y se despertaba en medio de la noche... El oráculo de Nidra (II)Se le había echo tarde. Fuera, la oscuridad se adueñaba de los rincones desde muchos minutos antes. Y la biblioteca estaba a punto de cerrar... Recogió los apuntes y se dirigió a la salida. Pero antes debía hacer una parada intermedia en el servicio para satisfacer una necesidad imperiosa. El pasillo estaba oscuro y el servicio aún más oscuro. Mientras buscaba el interruptor de la luz, le asaltó la desagradable sensación de que no estaba sola. Ni siquiera tuvo tiempo de gritar. El oráculo de Nidra(El origen del relato aquí) Afuera caía el sol a plomo, la luz era dolorosa y caliente, pesada. Pero en el porche de la casona, a la sombra de los paraisos, la temperatura era muy agradable. La pequeña jugaba sentada en el suelo de grandes baldosas de piedra. Jugeteaba con una canica. Le gustaba el sonido de aquella espera pequeña y brillante al chocarontra el suelo. Sonreia. Y le brillaban los ojos azules. A su lado, dormitaba un enorme pastor aleman, tirado en el suelo. Su pelaje negro contrastaba con la piel blanquísima y el pelo rubio de la niña. De vez en cuando, la niña se acercaba al perro y le acariciaba el lomo. Pasaron las horas y el cielo comenzó a poblarse de nubes, ocultando el sol. Comenzó a soplar el viento. De repente, el perro se puso se levantó lentamente. Movió las orejas, olfateó el aire. Algo no le gustaba. Comenzó a gruñir, mientras el pelo del lomo se le erizaba. Mostraba los dientes, blancos y afilados y gruñia. Con pasos lentos y nerviosos, se colocó delante de la niña. Como si quisiera protegerla. Lluvia sobre el mar(inspirado en una poesia de Mario Benedetti que nos regaló Arandanilla) El cielo estaba lleno de nubes oscuras, amenazadores, de una paleta de colores que abarcaban del gris al púrpura, pasando por todos los tonos intermedios. Apretó el paso, no quería mojarse. A pesar de sus esfuerzos, no logró llegar a su destino antes de que empezara a llover. Apenas alcanzó el puerto, gruesas gotas comenzaron a estrellarse contra el suelo, gris, de un color semejante al del cielo. Se refugió en uno de los bares del puerto. Pidio un café y se sentó en una de las mesas que había junto a la ventana. El café estaba caliente y amargo. Ángela se apartó el pelo de la cara, mientras contemplaba la lluvia sobre el mar. Agua, diluyendose en agua, mojando el puerto y los barcos pesqueros amarrados, pero tambien el agua del mar... (se que es muy poquito... si alguien se anima a contuniarlo) Intuición (VIII)(Todo lo publicado hasta ahora aquí) Mientras dormía, su mente seguía trabajando. Y volvía a virir esa sensación, esa intuición que había sentido antes de que Miriam. Esa sensación tan descorazonadora no le era desconocida.. Sol, calor, brisa, olor a mar y las manos de su madre poniendole crema en la cara. Arena, cubos, palas y castillos. Era todavía demasiado pequeño para saber lo que era el amor. Pero le gustaba estar cerca de aquella niña. Jugar con ella, hacer castillos de arena. A su lado se sentía seguro y a gusto. Ni siquiera ahora sería capaz de explicarlo, o quizás si. Entre ellos no hacían falta palabras. Pero un día, sintió aquello. Como si e arañaran la cara por dentro.... Algo malo iba a ocurrir.... Otro día de playa, pero distinto. Había calima y no podía ver el azul infinito del cielo que tanto le gustaba....... el azul infinito del cielo, como el iris de aquella mujer... Se acercó a él, se agachó y le miró a los ojos.... Y volvió a sentir aquella sensación, era desagradable y tenía miedo. Se alejó de allí todo lo rápido que le permitía su pequeño cuerpo, corrio hasta donde estaba su madre... Aquel día hubo un gran revuelo en la playa. La niña con la que tanto le gustaba jugar desapareció. Y nadie logró encontrarla. Despertó sudoroso. Estaba en la parte trasera de la furgoneta, en un area de servicio. De nuevo era de noche. ¿Habría dormido todo el día? Se aseó en el baño de la gasolinera y compró para comer. Tenía que desacerse de la furgoneta, probablemente la estuvieran buscando o no tardarían en hacerlo.... Y recordaba lo que había soñado.... Hacía mucho tiempo que no se acordaba de aquello ocurrió cuando era pequeño, muy pequeño... Otra vez.... Quizás, quienes se llevaron a esa niña se llevaron también a Miriam. Y estaban detrás de él.... otra vez.... La caja de músicaEstaba amaneciendo y solo se escuchaba el monótono zumbido del motor de la furgoneta devorando kilómetros. Y Manel, que acariciaba las cuerdas de su guitarra en el asiento trasero. Ningún otro sonido a parte de ese, todos estaban muy cansados, después de estar toda la noche tocando y, salvo el conductor, trataban de buscar algo de sueño. Una mañana más, después de recoger todos sus bártulos, se dirigían a un nuevo destino, otro pequeño pueblo en fiestas. Ana bebió un poco de agua.. Después de toda la noche cantando, tenía la voz cansada, la garganta cansada y sabía que esa noche sería igual, muchas horas cantando delante de un grupo de viejos y de niñatos borrachos, seguramente más pendientes de sus pechos que de su voz... Y así una noche tras otra. Se sentía como una bailarina atrapada en una caja de música, obligada a moverse al ritmo de la música y a cantar noche tras otra, durmiendo de día en pequeños hostales, pasando mucho tiempo en la carretera. Muchas veces pensaba si aquello merecía la pene, si tenía algún sentido. Pero aquella noche de nuevo volvió a subirse al escenario y dejó volar su voz y sintió la magia de la música que tanto amaba corriendo por sus venas...... Intuición (VII)(entregas anteriores del relato aquí) No sabía donde estaba ni qué había pasado. Le dolía terriblemente la cabeza. Y esa sensación.... algo horrible estaba a punto de ocurrir... Pero detrás de ese mal había otro mayor y por mucho que lo intentara no podía salir corriendo, porque le atraía como un imán, como la oscuridad, como el ojo de un huracán... Acabó de despertar. Apenas podía moverse y le dolía la cabeza mucho muchó. Trató de incorporarse, sin apenas hacer ruido. Tenía las manos atadas con algo que rompió facilmente. Se atrevió a abrir los ojos. Al principio no podía ver nada. Poco a poco sus ojos se fueron acostumbrando a la oscuridad y pudo ver que se encontraba en el interior de una furgoneta, o de un pequeño camión. Suelo metálico y olor a gasoil... Se sentía algo mareado, se recostó en una de las paredes metálicas del vehículo..... respirar y escuchar.... solo eso... Entonces escuchó unos sollozos ahogados, apenas perceptibles. Y de nuevo aquella sensacion de que algo horrible estaba a punto de ocurrir... Se atrevió a abrir lentamente la puerta corredera.... Fuera, oscuridad.... Y ella... No tendría más de 17 o 18 años, el pelo rapado al cero y delgada.... demasiado delgada, enfermiza. La mirada perdida, sentada en el suelo y sus manos.... sus manos jugeteaban con una pistola... pero parecían tener voluntad propia.... se empeñaban en apuntar el arma contra sus sienes, como si quisiera suicidarse. De un salto, se abalanzo sobre ella y le arrebató el arma y la lanzó lejos. Ella no se resistió, solo lloraba y se apretaba contra el suelo como si quisiera esconderse dentro de la tierra. No le dio tiempo a nada más. El estampido de un disparo, demasiado cerca de él y ella dejó de llorar y de moverse. Y otro disparo más, se arrasró al interior de la furgoneta, por suerte la puerta del copiloto estaba abierta. Busco las llaves, estaben en el contactó, arranco y salió todo lo rápido que pudo... Pensaba que no podía dejarla allí tirada, que quizás aun estaba viva, pero tenía miedo, mucho miedo, el eco de los disparos resonaba en su cabeza, podían haberle matado.... Lo que había presentido se había cumplido, como un destino fatal que le persiguiera, pero había algo más, algo terrible que le arrastraba como un huracán y que no era capaz de comprender. Se aferraba al volante con fuerza y lloraba. Estaba en una especie de polígono industrial, desierto y solitario.... Varios minutos después se atrevió a pararse un instante, bajo de la furgoneta y vomitó sobre el asfalto. Cerro la puerta corredera, aun estaba abierta. Volvió al interior, buscando algo que le permitiera deserredar aquel laberinto.... La furgoneta era alquilada, la documentación no le aportaba nada... En una guantera, se topó con la cámara de fotos de Miriam. Se extraño de encontrara allí, era lo único que tenía para encontrar a Miriam..... Unas cuantas fotos, un lugar en la costa.... Era demasiado poco... Ni siquiera sabía donde estaba, quizás cuando amaneciera podría orientarse. Bajo la luz del sol las cosas se ven de otra forma..... Intuición (VI)En la calle hacía demasiado calor. La boca de metro se le antojaba una puerta abierta a un paraiso de penumbra y frescor donde modernos trenes se encargaban de transportale en un suspiro al otro extremo de la ciudad. Además, no le apetecía caminar. Dejó que las escaleras mecánicas le llevaran poco a poco hasta las entrañas de la tierra, mientras admiraba la arquitectura de la estación.La habían abierto apenas hace un año y sin duda era toda una obra de ingeniería. Unos pocos escalones mas abajo, un policia, que también se dejaba llevar por la escalera mecánica. Sin saber por qué, la pistola que llevaba en la cintura atrajo su atención como un imán. Se imaginó por un instante con ella en las manos. ¿Cuanto pesaría? ¿Cuantas balas habría en el cargador? Sacudió la cabeza. No le gustaban las armas, aunque comprendiera que hasta cierto punto eran necesarias. En las manos equivocadas eran fuente de horror, de muerte, de dolor. Sin quererlo de nuevo volvió a pensar en la pistola. El policía parecía distraido, así que le pareció fatible acercarse a el por la espalda y arrebatarle el arma. Miro a su alrededor. La escalera mecánica se acababa unos metros mas adelante y daba paso a un amplio vestibulo. Había varías personas junto a la taquilla, esperando su turno para comprar un billete. Con una pistola podría matarlos a todos. A todos. No entendía que le pasaba. Temblaban sus manos, todo su ser, sudaba a chorros, concentrando hasta el último gramo de su voluntad en ignorar aquela voz que bramaba en su cabeza, que le exigía que se abalanzara sobr el polícia y que le arrebatara el arma. Que le instaba a convertir aquel lugar en una orgia de sangre. Con gran esfuerzo logró ignorar aquella voz. El policía se dirigió a la taquilla y él sacó el billete del bolsillo con manos temblorosas, encaminandose hacia los torniquetes. Entonces algo pasó. Todas las personas que había en el vestibulo se volvieron hacia él como si de una sola se tratara y le señalaron. Empezaron a caminar hacia donde se encontraba con pasos rápidos. Nada de aquello tenía sentido. No fue capaz de meter el billete por la ranura, salto los torniquetes y comenzó a correr escaleras abajo, en dirección a los andenes. Le estaban esperando. Toda la gente que abarrotaba el anden le estaba esperando. Le atraparon, como atrapa a una tela de araña a una mosca. Le cogieron en volandas, llevandolo cada vez vás cerca de las vías.... Como si quisieran tirarle allí.... Intentaba zafarse de ellos, gritaba, pataleaba, pero todo era inutil. Entonces escuchó un chirrido que le heló el alma. Un tren estaba a punto de entrar en la estación... Intuición (V)“Te mueves en silencio, como un gato”. Miriam siempre le decía eso y aun ahora se preguntaba si se trataba de un reproche o de una simple apreciación. Se quedó quieto un instante sobre la azotea. La grava crujiendo bajo sus pies de gato se le antojaba un estruendo tremendo en medio de la noche, temía llamar la atención. Desde pequeño tenía una facilidad innata para trepar a lugares altos, primero los barrotes de su cuna, después árboles, tapias, postes del teléfono. Y cuando fue un poco mayor pudo trepar a afiladas cumbres alpinas, cerca del cielo, donde el silencio y la luz e incluso los latidos de su corazon eran especiales. Ya hacía tiempo que no trepaba a tapias ni a balcones, le bastaban las paredes de un rocódromo o las afiladas aristas de La Cabrera, donde se escapaba siempre que podía. Unos pocos pasos mas y ya estaba sobre el ático de Miriam. Entre sus planes no estaba romper el precinto policial. Si le encontraban registrando su piso... sería terrible, pasaría a ser el principal sospechoso. No entraba en sus planes. Dejó el rollo de cuerda que llevaba al hombro en el suelo y busco un lugar donde fijarlo. Mmmm rodeando aquella chimenea, si, parecía sólida. La pasó por el desdendedor y se acerco al borde de la azotea. Bajó despacio, como una araña desdendiento a través de su hilo, hilo de Ariadna, buscando un leve detalle, una pista de donde se encontraba Miriam, de quien se la había llevado... Sus pies de gato rozaron suavemente las baldosas de la terraza. Sacó la cuerda del descendedor y alagro el brazo hasta la puerta. Estaba abierta, casi imperceptiblemente, pero abierta. El interior estaba tal y como lo recordaba, apenas una semana antes había estado allí. Recorrió lentamente cada estancia a la luz de una linterna. Todo estaba perfectamente ordenado (Miriam era muy cuidadosa, constantemente le regañaba por como tenía su casa, la mesa del trabajo, el maletero del coche....). Estaba a punto de marcharse cuando se dio cuenta de que no había visto su portatil por ningún sitio... Ahora que lo pensaba, su ipaq tampoco apareció en el coche.... Después de mucho buscar, todo lo que encontró fue una pequeña cámara digital. Quizás le diera alguna pista. Se fue por donde había venido, con el mismo silencio.. como un gato.. Pero algo no andaba bien. Estaba nervioso, con los nervios a flor de piel, de nuevo con la sensacion de que algo malo iba a ocurrir... Apenas le dio tiempo a poner los pies en la seguridad del suelo. Unos brazos surgieron de la nada y le apretaron un trapo empapado en un líquido de olor fuerte contra la cara... Intuición (IV)Casi podía escuchar la voz de Miriam “No puedes quedarte ahí tirado, esperando a que todo se resuelva por si solo. Concéntrate y usa tu intuición igual que usas el resto de tus sentidos”. Aunque necesarias, las preguntas de la policía le resultaron pesadas y dolorosas, removiendo sentimientos y recuerdos. Miriam no tenía familia en España. De madre argentina y padre español, sus padres habían muerto hace tiempo sólo le quedaba algún familiar lejano en Argentina. Compañeros de trabajo a parte era quien tenía una relación más estrecha con ella, por lo que era completamente lógico que le bombardearan con todo tipo de preguntas ¿Alguien podría querer hacerle daño? ¿Tenía algún enemigo? ¿Algún motivo por el que pudiera querer desaparecer? Según las hipótesis de la policía, estaba bastante claro que Miriam se había marchado por su propia voluntad. Era mayor de edad y podía hacer lo que quisiera con su vida. Recordaba los momentos que habían compartido. De no haberla conocido quizás pensara que se trataba de una aparición, de un sueño. Según la policía, su piso estaba tal y como lo dejó el día de su desaparición, no había indicios de que hubieran forzado la puerta o revuelto el interior. Eso tendría que comprobarlo por sus propios medios, pero con cuidado, no fuera a levantar sospechas. Comprendió que igual que habían venido a por ella, podían volver a por él. Se asustó mucho. ¿Quiénes? ¿Y por qué? Recorrió de puntillas su piso. Las persianas bajadas y todo en penumbra para mitigar el intenso calor del verano. Abrió un armario. En un rincón, su equipo de escalada, criando polvo para no variar. Pies de gato, cuerdas, aneses, mosquetones. Quizás le hiciera falta más pronto de lo que pensaba… Intuición (III)Estaba tirado en la cama, mirando al techo. Una semana después de la desaparición de Miriam. Ninguna noticia sobre su paradero. Ninguna pista. Nada. En el coche había aparecido su bolso, no faltaba nada. Todo en orden y ni una sola huella. Parecía obra de profesionales. No comprendía por qué alguien podría querer secuestrarla. Por dinero seguro que no. Entre el dinero en metálico y las tarjetas ya había un buen pico. La policía sugería que se había marchado por su propia voluntad. No lo creía. Decidió cogerse unos días de vacaciones. Total, en el trabajo no se concentraba y no le apetecía hacer nada no ver a nadie. Recordaba su risa y sus ojos color miel. Se asustó mucho. Se acordaba de ella en pasado... Como si hubiera muerto. Y se dio cuenta de que solo alguien como ella podía haberla secuestrado o hecho daño. Eso es lo que había presentido, lo que habían presentido los dos. Se acurrucó en la cama y rompió a llorar. Intuición (II)Continuó trabajando. Pero conforme iba avanzando la mañana se sentía cada vez mas inquieto. Y la certidumbre de que algo malo iba a pasar crecía sengudo a segundo. Miriam no acudió a la cita. Pensó que algo podía haberla retrasado. Algún marroncito de última hora o quizás el tráfico. La llamó al móvil, al del trabajo y al personal. Apagados los dos. No obtuvo respuesta. Le resultó muy extraño, Miriam raras veces apagaba el móvil. Un sms o tal vez un escueto, "ahora no puedo hablar, te llamo luego". Y sinembargo una de sus compañeras le confirmó que a las tres menos cinco había salido de la oficina. Entonces tuvo la certeza de que algo malo le había pasado. Volvió a casa en el ceranías, muy nervioso. Pensó en llamar a la policía.... pero ¿que iba a decirles? La policía no entendía de intuiciones, solo de hechos. Apenas pudo comer ni descansar durante toda la tarde, durante toda la noche. Pegado al móvil, llamando a amigos, a compañeros de trabajo. Nada. De puro agotamiento, se durmió de madrugada. A la mañana siguiente el coche de Miriam apareció abandonado junto a una estación clasificadora de mercancías, en las afueras de la ciudad... Intuición (I)-Dime. Estaba a punto de llamarte- -Desde ayer tengo una sensación muy extraña y empiezo a ponerme nerviosa. No logro identificar de qué se trata. Quería saber si tu sientes lo mismo- Su voz transmitía nerviososmo, al igual que sus palabras. Sintió miedo. Ella nunca se ponía nerviosa. Se levantó de la silla y recorrió con pasos rápidos los pocos metros que le separaban de la ventana, con el móvil pegado a la oreja. -Tengo la sensación de que va a pasar algo. Algo malo...- -¿Tienes mucho lío? ¿Puedo pasar a recogerte a las tres?- -Como siempre hasta las trancas. Pero lo que no haga hoy siempre lo puedo hacer mañana- -Te invito a comer. Tal vez entre los dos saquemos algo en claro...- Show must go onInside my heart is breaking, My make-up may be flaking, But my smile, still, stays on! (Queen/The show must go on) Gracias a todos por vuestros comentarios. Intentaré regalaros post más alegres. Entre tanto, continua la función. Metamorfosis (V 3.0) En poco tiempo ha crecido un montón, aparenta más de 16 años-Pensó, mientras le veía cruzar el umbral. Miguel era un chico bastante alto y robusto para su edad. Por lo demás, no llamaba especialmente la atención. Un adolescente más. Podían dejarle en medio de cualquier gran ciudad que no llamaría la atención lo más mínimo. Al menos, su aspecto interno. Porque nadie puede escrutar el interior de una persona con solo una mirada. La psicóloga se levantó de la silla y se dirigió hacia Miguel. -¿Qué tal estás Miguel? ¿Has dormido bien?- Apenas le dirigió una tímida mirada y un escueto bien. ¿Por qué llevaba bata blanca y mascarilla si era una psicóloga? Quizás tenía miedo de que le contagiara algo, o al revés. Siguió caminando sin detenerse junto a ella. En el extremo de la habitación había un enorme mueble con multitud de puertas y cajones. Para no variar, habían escondido algo en aquel mueble. Quizás era un CD, una sudadera, una tableta de chocolate o quizás un libro. Le costo apenas 4 o 5 segundos encontrarlo, en uno de los cajones de la parte baja, a la izquierda. Se trataba de una sudadera azul, muy bonita. Para lo que la voy a usar-Pensó. Se la ató a la cintura. Miró a la psicóloga. Estaba sentada en junto a una pequeña mesa redonda y escribía algo en un ordenador portátil. Podía jurar de qué se trataba: el tiempo que había tardado en encontrar el objeto, su reacción al lograrlo, la forma en la que le había saludado. Comenzó a caminar hacia ella. Se dio cuenta de que nunca le había visto la cara.... al menos directamente. Tenía unos ojos preciosos, eso si, de un marrón muy intenso. Cuando la psicóloga levantó la vista del ordenador él estaba apenas a unos pocos pasos de donde se encontraba. Se puso en pié rápidamente. Pudo sentir como el miedo creía en su interior. -Por favor, quédate ahí. No te acerques más.- Solo quería verla más de cerca, y si era posible sin esa horrible mascarilla. -No des un paso más, por favor, te lo ruego. No quiero hacerte daño.- Pero estaba bien entrenada, porque un instante después había serenado su temor. Intentaba establecer una barrera mental para que no fuera capaz de acceder a sus pensamientos y así poder anticipar sus movimientos. Continuó avanzando hasta quedar frente a ella, apenas a unos pocos centímetros. Apenas era un pelo más alto que ella y desde esa perspectiva podía admirar cada uno de los matices de sus ojos. Con un rápido movimiento ella sacó algo de los bolsillos de la bata y le roció la cara con algo frío. Antes de perder el sentido le dio tiempo a hilvanar un último pensamiento Tengo que salir de aquí Metamorfosis (II)El momento temido y deseado a la vez llegó. El coche reposaba en la plaza de garaje y la ropa y demás cosas en los armarios. Estaba sentado en el suelo de la que iba a ser mi habitación. Irene me observaba apoyada en el umbral. -¿Te molesta que esté aquí?- -Al contrario. Como te dije, necesito que acostumbres al proceso. Que no te asuste. - Suspiré. Comencé a quitarme lentamente la ropa, dejándola impecablemente doblada sobre la que iba a ser mi cama. Una cama muy grande, a decir verdad, porque un crío de siete años no abulta tanto como un joven de 24, espigado además..... En silencio. Los latidos de mi corazón se me antojaban increíblemente sonoros. Trataba de olvidarme de todo...Debía relajarme, tenía que estar relajado, si no sería peor, todo se volvería más difícil...si cabe. Ya estaba desnudo. Me volví un instante y miré a Irene, tratando de sonreír. Su rostro transmitía preocupación, a pesar de todo logró devolverme la sonrisa... Me percaté de lo frió que estaba el suelo. Por suerte había una pequeña alfombra junto a la cama. Allí me tendí, echo un ovillo... Respirar profundamente. Vaciar la mente de todo pensamiento. Salvo uno. Luz, luz blanca y pura bañándolo todo. Busca la luz, no está tan lejos. No es necesario viajar años luz a través de galaxias frías y oscuras. Esta dentro de ti.... Perdí el sentido un instante. El dolor me hizo volver a la consciencia y entonces supe que ya había cambiado. Temblaba, me sentía muy débil, el simple hecho de abrir los ojos se me antojaba un reto... Ni siquiera lo intenté, me quedé allí tendido hecho un ovillo. Creí escuchar unos leves pasos junto a mí. Una respiración agitada, antes de que unos calidos brazos me levantaran del suelo para después dejarme suavemente sobre la cama. La caricia de sábanas y mantas en su piel le hizo sentir un poco mejor... -Aunque viviera diez vidas jamás podré olvidarlo. Una luz blanca que ha brotado de la nada me ha cegado y cuando ha desaparecido ya no eras tu, te habías convertido en un crío..- Irene me arropaba dulcemente. Me besó en la mejilla y pude notar que estaba llorando, porque aquellas lágrimas tibias resbalaron hasta mi rostro. -Duerme, mi niño. No tengas miedo. Nada malo puede pasarte...- Lamento deciros que hay muy poco más escrito (solo fragmentos inconexos) Intentaré continuarlo, pero es que últimamente nada de lo que escribo me gusta, tampoco esto... Es una larga historia que algún día tendré que contaros... Metamorfosis (I)Notaba su mirada clavada en mi y eso me ponía nervioso. Sin apartar la vista de la carretera la miré de reojo. -¿Te molesta que te mire?- -Al contrario. Siempre es agradable que una mujer bonita te mire. Me pone un poco nervioso, solo eso.- -Gracias por el piropo.- -No hay por qué darlas.- Apreté un poco más el acelerador. Tenía prisa por llegar. Cada segundo que ganara me permitiría toparme las cosas con más calma. Eso era lo mejor. Trataba de no ponerme nervioso y disfrutar del viaje: un día de sol, un buen coche, asfalto seco y una bella dama en el asiento del copiloto. Eso me bastaba. Mentiría si dijera que su mirada era lo único que me inquietaba. No. Me preocupaba lo que estaba a punto de hacer. Esperaba que la acción, comenzar de una vez, acabar con mis nervios. Para romper el tenso silencio que se había creado entre los dos, comencé a hablar, expresando mis pensamientos en voz alta. Así ella se tranquilizaría también -En cuanto lleguemos empezare el proceso de...-trataba de buscar la palabra adecuada- metamorfosis: Creo que se le puede llamara así... Es bastante... espectacular, la primera vez que se ve impacta mucho. Debes acostumbrarte a él... - -No me queda otro remedio. Quiero preguntarte algo... Eso que vas a hacer.... la metamorfosis ¿Qué sientes? ¿Es doloroso?- Suspiré.... -No es agradable. Todo depende del tiempo que tenga. Si se hace despacio solo es agotador..La primera media hora apenas puedo moverme ni habar y las siguientes ocho o diez horas estoy muy débil. Si se hace deprisa, enseguida puedo valerme por mí mismo. Pero es tremendamente doloroso y peligroso.- Irene extendió su brazo izquierdo y me acarició la mejilla. -Así que vas a sacrificarte por nosotros. Vas a poner tu vida en peligro.... Nadie nunca había hecho algo así por mí. No sabes cuanto te lo agradezco...- Me aferré un poco más fuerte al volante. Sus palabras y el suave tacto de sus dedos en mi cara me producían una mezcla de inquietud y melancolía imposible de describir... -Ah. Hay una cosa curiosa. Para poder hacer el proceso, debo estar completamente desnudo. Espero que no te importe..- Nos sonrojamos simultanea y levemente. -No..no me importa. Al fin y al cabo vas ser mi hijo, y una madre ve muchas veces a su hijo desnudo.- -Y tu vas a ser una madre para mí. Eso debemos tenerlo en cuenta. Tarde o temprano nos estarán observando. Y un pequeño error puede ser fatal. Sé que va a traerte recuerdos muy dolorosos. Pero trata de comportarte conmigo como la hacías con tu hijo...- -Créeme, lo intentaré- Todavía nos quedaban mucho para llegar, muchos kilómetros. Teníamos pensado llegar muy de madrugada, para que nadie nos viera. Manuel se reuniría con nosotros dentro de un par de días. Le quedaban por solucionar algunos asuntos de trabajo. Desde ese momento apenas cruzamos palabra alguna. Paramos a comer al mediodía en un área de servicio. No teníamos demasiado hambre, pero procuramos comer algo, aun nos faltaba mucho para llegar. Nos turnamos en la conducción, porque todo el día al volante era una paliza tremenda. Recostado en el asiento del copiloto, trataba de relajarme, descansar. Burbuja-Yo solo quiero irme a casa- acertó a decir entre sollozos... "Un deseo tan pequeño... " pensó "tan fácil de lograr. menos en un día como este". No sabía a ciencia cierta por qué, pero todo el centro de la ciudad parecía estar colapsado..... Apartó la vista un instante del coche que le precedía y clavó su mirada en el muchacho que ocupaba el asiento del copiloto. Lloraba en silencio, de forma apenas perceptible. La lluvia se había cebado en sus ropas, en su cuerpo. Estaba completamente empapado. Tiritaba. Gracias a la calefacción un agradable calorcito inundaba el interior del coche, pero no parecía notarlo, como si el frió brotara de lo más profundo de su ser.. Le tendió un pañuelo, sonriendo... -Ten un poco mas de paciencia. No todo esta perdido. - Le dedicó un gesto de complicidad mientras, con una ágil maniobra, se coló por el pequeño hueco que había entre un autobús y una furgoneta de reparto. Luego giró a la derecha, adentrándose en una estrecha calle. En la siguiente esquina aparcó el coche, sobre la acera... -Pronto estaremos en casa- El chico no entendía nada. Se sentía confuso y febril, pero de todas maneras aun acertaba a recordar que su destino estaba en el extremo opuesto de la ciudad... ¿Cómo demonios iban a llegar hasta allí? -Ven, sígueme- Ella tomó una de sus manos entre las suyas y le arrastró fuera del coche, de nuevo bajo la lluvia. A regañadientes comenzó a andar detrás de ella. El agua mojaba sus largos cabellos rubios, aplastándolos contra su rostro. Con una mano, se los apartaba de la cara, con la otra tiraba de él. No acertaba a comprender que pretendía. Constantemente miraba a un lado y a otro, observándolo todo, con un leve gesto de contrariedad en el rostro. Volvió rápidamente la cabeza hacía él, mirándole con una mezcla de prisa y de ansiedad, como si quisiera asegurarse de que aun estaba allí. Al toparse con sus ojos marrones, el chico bajó la mirada, ruborizándose. Apenas habían avanzado unos cuantos pasos más cuando ella se detuvo en seco. Se dio la vuelta y volvió a mirarle. Creyó leer una pizca de desesperación en sus ojos. -Concéntrate, por favor. Es muy importante- Sin apenas darse cuenta colocó las palmas de sus manos sobre os hombros del chico. -¿Puedes recordar mi nombre?- -Claro... no sé a que viene esa pregunta. Te llamas Miriam- En el rostro de Miriam se dibujó una sonrisa amplia, luminosa... -Es todo lo que necesitaba saber... Muchas gracias, Diego- Meses después, Miriam le explicó por qué ese detalle, en apariencia trivial, era tan importante. Pero en aquel momento, se le antojó la mayor de las estupideces. Sin saber por qué sintió ganas de abrazarla. Miriam era una mujer muy atractiva. Quizás podría haber sido su madre... pero no acertaba a calcular bien su edad. pensándolo mejor no era posible, era demasiado joven para tener un hijo de su edad... Volvió a mirarla detenidamente, alargo el brazo y le acarició el pelo mojado. Aquel gesto no pareció desagradarle, pero de todas maneras enseguida apartó la mano. En ese momento se dio cuenta. El día era muy oscuro. Si alzaba la mirada, entre las fachadas de los edificios, allá arriba, podía contemplar un pedazo de cielo gris, completamente cubierto de nubes. Seguía lloviendo con fuerza, es verdad..... Pero ella brillaba. No brotaban haces de luz de su cuerpo, no. Pero irradiaba una calidez especial que todo lo impregnaba... Todo brillaba: las aceras saturadas de lluvia, el asfalto encharcado, las carrocerías de los coches aparcados junto a la acera, las gotas de lluvia deslizándose por el aire hasta chocar con el suelo. Todo brillaba, pero sobre todas las cosas, ella Sin apenas darse cuenta, Miriam le condujo al interior de un portal, amplio pero aún más oscuro que afuera... -Lo que vas a ver ahora puede que te asuste, pero no debes tener miedo. No voy a hacerte ningún daño. - Suspiró y le atrajo hacia sí... En cualquier momento alguien podía sorprenderles allí... Le abrazó dulcemente, mientras notaba como la energía comenzaba a bullir en su interior, presta a emerger de su cuerpo... Diego no daba crédito a lo que veía. Una burbuja dorada, brillante, surgió de la nada y creció y creció hasta envolverles a los dos... -No tengas miedo- Sintió como el suelo se tambaleaba bajo sus pies. Cerró los ojos. Cuando volvió a abrirlos, no se encontraban en el portal sino en una acogedora sala de estar. Miriam estaba frente a él, en cuclillas. Jadeaba como si acabara de hacer un gran esfuerzo. Diego no se atrevió a mover un músculo hasta que ella levantó la cabeza, le miró y sonrió... -¿Ves como tenía razón?- Se puso en pie lentamente y volvió a sonreírle. -Traeré unas toallas para que podamos secarnos. - Quiso decir algo, preguntarle que había pasado, como habían llegado allí, exigirle una explicación. Pero Miriam colocó el dedo índice de su mano derecha sobre sus labios. -No digas nada. No es el momento. Más tarde saciaré tus inquietudes. - Madrid-Cuenca, marzo de 2004 Voces (reloaded) No es una estrella, ni un globo sonda. Ninguno actuan de forma inteligente ni vuelan a Match 2.El piloto comprobó de nuevo la pantalla del radar. Aquel objeto, una brillante luz delante de su avión, a unas tres millas, no aparecía en su radar.... ¿Cómo era posible? Llamó por radio al EVA (escuadrón de vigilancia aéa) número 3. Aquelo tampoco aparecía en sus radares. Las alas del caza rasgaban el aire de la noche: clara, serena, con una visibilidad excelente. Se encontraba de nuevo en su medio natural, en el aire, cara a cara con el vacío, esa nada que no tenmía sino que desafíaba una y otra vez, jugando con él, aferrado a los mandos de su avión..... Acariciando las nubes, cerca del cielo, donde sin duda estaba su hija.... Ainara... Aunque no podía, no debía distraerse ni un solo instante, recordaba su pelo negro, sus vivaces ojos color miel, su risa. Apretaba los dientes mientras su corazón se encogía de nuevo de dolor: la pequeña Ainara no estaba ya a su lado... La Madre de Ainara, su mujer, al despedirse de él antes de cada misión, siempre le decía que aquel trabajo suyo era muy arriesgado. Que debía pensar en su hija. Con su brillante expediente no le costaría encontrar algún puesto en tierra, sin salir del ejercito, desempeñando labores administrativas.... Pero él amaba demasiado volar, jugar con el vacío, sentir como miles de caballos le impulsaban a velocidades superiores a la del sonido. No era un irresponsable:de sobra conocía los riesgos. Simplemente los aceptaba y tomaba todas las precauciones posibles. Pero fue en tierra, en la firmeza del suelo, donde la pequeña Ainara perdió la vida, cerca de casa, en la calle, sobre el asfalto, bajo las ruedas de un coche. Sintió como el mismo vacío con el que jugaba cada día le daba la espalda, le lanzaba a un pozo de profindidad insondable, mas negro que la más oscura de las noches. Una depresión, dictaminaron los psiquiatras. Lo perdió todo, todo. Su trabajo, su mujer, todo. Era incapaz de dormir: cada vez que conciliaba el sueño, despertaba empapado en sudor. De nuevo había escuchado la voz de su hija, que le llamaba.... Pero todo eso era agua pasada, ahora estaba de nuevo donde quería estar, acariciando las nubes, cara a cara con el vacío. Y aquella luz seguía delante de él: a veces se acercaba, otras se acercaba, trazaba quiebros imposibles, subía y bajaba a su antojo. Alcanzo 1.6 de match y le pareció que se acercaba al objeto. Entonces... ¡Hola papa! La radio escupió la voz de Ainara... PD: aunque parezca increible, esta basado en hechos reales, algo que escuché en uno de esos programas que me encantan sobre fenómenos paranormales, el espacio en blanco (que nadie se moleste en buscarlo por el dial, se lo cargaron) VocesRevolviendo en uno de los cajones del armario, buscando aquella corbata que le regaló su padre años atrás. No logró encontrarla, cosa que le apenaba, pues era una persona muy ordenada y le fastidiaba sobremanera extraviar cosas. Pero en su lugar se topó con una vieja grabadora. Aquella que utilizaba cuando estudiaba periodismo y colaboraba con la radio de la universidad. En la era de los teléfonos móviles, los ordenadores portátiles, dvd's y mil más maravillas de la tecnología, aquel trasto se le antojaba arcaico. Pero a Patricia le llamó la atención. Busco las pilas adecuadas, comprobó que aun funcionaba y se pasó toda la tarde jugando con ella. Se había olvidado de ella cuando la mañana siguiente Patricia, al despedirse de él en el aeropuero, se la dio con una sonrisa traviesa en los labios... Así podras escuchar mi voz siempre que quieras Tendido en la cama de aquella anodina habitación de hotel, contemplaba su imagen en el televisor. Después de tantos años como periodista, aun se le antojaba extraño verse en el televisor. Por eso añoraba la época de presentador de los informativos, al emitirse en directo era más dificil que se topara con su propia imagen de improviso. Ahora era corresponsal de guerra, un trabajo dantesco en ocasiones, pero desde puequeño había sido su sueño... Apagó la televisión y se concentró en el portatil, esbozando un artículo sobre el conflicto armado que cubría que publicarían en un suplemento dominical... Mientras jugueteaba con la grabadora, escuchando una y otra vez la voz acariciadora de Patricia... El eco de su voz se mezcló con el estampido de la granada de mortero que se estrelló contra el hotel, acabando con su vida... Al menos le quedaba el consuelo de tener grabado para siempre en su memoria la voz de Patricia... Las pequeñas cosas: la pulseraEn el fondo de un cajón, junto a un puñado de fotos metidas en una bolsita de plástico, sus dedos se toparon con la delicada pusera de plata. Apenas un hilo brillante. Y se acordó de Maria Elena, pero no sintió nada. No sintió nada, y eso le preocupó. Quizás se hubiera vuelto tan insensible, quizás jamás volviera a sentir nada: ni odio, ni rabia, pero tampoco amor. Jugueteaba con la pulsera entre los dedos. Recordaba como brillaba en el tobillo izquierdo de Maria Elena. Pero nada más, ni siquiera una punzada de dolor en el estómago, nada. Solo vacío.... El pianoInspirado en el programa de ayer de MIlenio 3, en el que hablaban de un piano que tocaba solo en un conservatorio... (que miedo!!!) "Una mudanza", penso, al doblar la esquina y toparse con la acera llena de muebles. Mentros más allá, un enorme camión aparcado. Varios operarios no dejaban de cargar bultos en la caja del camión. Entonces se topó con el piano. Negro, enorme, inmaculado. Fuera de lugar, allí, sobre la acera. Sin dejar de mirarlo lo rodeó y continuó caminando, con la piel de gallina y los ojos vidriosos. Recordaba aquellas interminables tardes de otoño, de lluvía tras los cristales y Susana inclinada sobre el piano, el pelo rubio ocultandole el rostro, sus largos dedos acariciando las teclas... Paisajes mentales La brisa de la mañana me trae un delicioso olor a mar. El sol brilla, pero todavía hace fresco, la temperatura es muy agradable. El mar está en calma y me regala cientos de destellos aterciopelados...Da igual que esté a 400 kilómetros del mar... puedo imaginarlo, casi puedo acariciarlo... Entonces me viene a la mente una frase, parte de un relato inconcluso (tranquilos, que no me olvido de "la cárcel del crepúsculo")... "Siempre la recordaré así, con su negra melena al viento, caminando por el puerto, recorriendo el trecho que le separaba del barco, en aquella mañana brillante como el oro." Las pequeñas cosas: el anilloCon la mirada perdida, se dejo caer en el sofá. Escuchó el estruendo de la puerta al cerrarse. Se quedó unos instantes allí, quieto, en silencio, incapaz de moverse. Al final reunió unas pocas fuerzas para levantarse y caminar hasta el balcón.. En la calle, el taxista terminaba de colocar unas maletas en el coche. Su mujer, antes de entrar en el taxi, levantó la mirada y le hizo un leve gesto con la mano. Después se metió en el coche. Desde el balcón pudo ver como el coche se alejaba... Como solía decirle su madre "el diablo está en las pequeñas cosas". Cuidar los pequeños detalles: uno a uno no significaban nada, pero la suma de todos ellos podía tener consecuencias devastadoras... Una chapa de titanio del tamaño de la regla de un colegial fue capaz de convertir al Concorde en una bola de fuego. Y un anillo, de acabar con su matrimonio. No, eso no era verdad, al menos no del todo. Culpar a un pequeño trozo de oro de sus males no era justo aunque sintiera deseos de coger el coche y estamparlo contra el escaparate de una joyería. No... Tan solo fue la gota que colmó el vaso... Nunca podría olvidar su voz: primero susurros, después gritos que se escuchaban en todo el edificio... Estaban cenando cuando ella se dio cuenta.. -¿Y el anillo? ¡No me digas que lo has perdido!- Miró su mano derecha como si fuera la primera vez que la veía. No estaba... el sencillo anillo de oro blanco no estaba en su lugar, en el dedo corazón. Recordaba que por la mañana, mientras se afeitaba, si que estaba ahí. -¿Ya no me quieres? ¿Por eso te has quitado el anillo?- -Te quiero tanto como la primera vez que te vi. Debo haberlo perdido, ya sabes... soy un desastre. - Pero ella no le escuchaba, solo repetía que era un desastre, que apenas pasaba tiempo con ella, que se pasaba la vida trabajando... Era cierto. Todo el día al volante de la furgoneta de reparto. La hipoteca no perdonaba, pero a cambio, el poco tiempo que pasaba en casa disfrutaba de su nuevo piso: un lugar de intimidad para los dos... Pero eso ahora daba igual.... HadaErase una vez, en el tiempo actual, un hada encargada de velar a un joven. Él tenía todo lo que podía desear: una familia maravillosa, salud, inteligencia, un lugar donde vivir..... Pero era tremedamente infeliz, porque le costaba mucho relacionarse con la gente... Ansiaba alquien a su lado a quien amar y que le amara... El hada suplicó a sus superiores que la convirtieran en mortal para así ser visible a los ojos del joven y así poder estar a su lado y hacerle feliz. Aunque tal transformación raras veces se había realizado, al ver la pena que inundaba el alma del hada, la convirtieron en mortal... El hada, bajo su nueva forma de mortal (una bellísima mujer), se materializó en la habitación del joven mientras dormía. Se sentó junto a su lecho y esperó a que despertara... -Soy tu regalo-le dijo cuando vio que despertaba... -Vete, por favor, no quiero hacerte daño. Sé que llegaré a amarte, pero me pregunto si tu podrás amarme algún día, siquiera si podrás soportarme. No quiero hacerte daño... P.D.: Escrito hace unos minutos y muy rápido porque no quería que se me escapara la idea...perdonad las incongruencias si las hay Luz de la luna -Tengo que marcharme a un lugar más cálido- Pensó, mientras dejaba el termómetro en la mesilla. 39 y medio. Mucha fiebre. Sentía dolor en partes de su cuerpo que cuya existencia ignoraba hasta aquel momomento. Cogió el móvil y marcó el número del trabajo.-¿Sonia? Oye, me encuentro fatal. Creo que tengo la gripe. No puedo ni levantarme de la cama... No puedo ir a trabajar..- Mientras volvía a dejar el teléfono en la mesilla pensaba que aquel trabajo no iba a durarle mucho más... En aquel momento ni siquiera le importaba. La energía de la luna vibraba en su interior, llenandolo todo... Hielo crujiendo bajo sus pies, aire helador y apenas un albornoz para defenderle de él. Continuó caminando trabajosamente por la azotea, pugnando por escapar de la zona de sombras que provocaba la sala de máquinas de los ascensores... Solo unos pocos pasos más... Un rayo de luz de luna le acarició la punta de la nariz y no pudo evitar romper a reir. Una risa tenue y gélida, su aliento creaba nubecillas de vaho. Se despojó del albornoz, dejando que la luna acariciara el resto de su cuerpo: su pelo cobrizo, sus senos, sus piernas, sus hombros....cada poro de su piel. Sentía como la energía de la luna se adentraba poco a poco en su interior y eso le llenaba de alegría. Pero el frío era demasiado intenso, apenas resistió unos pocos minutos antes despedirse de la luna y volver al cálido refugio de su piso. Tiritaba sin control, apenas sentía los pies ni las manos. Tras un baño caliente se encontraba un poco mejor. Mañana estaría resfriada, ese era el precio de recibir la energía de la luna, al menos en aquel lugar y en invierno... DragónInspirado en el comienzo de Rendez-vous, de Jean-Michelle Jarre El aliento del dragón genera nubes de vapor. A su alrededor todo es hielo y frío, un frío cegador. Apenas le quedan fuerzas. Ni siquiera su gruesa piel escamosa es capaz de aislarle de ese frío. Tampoco su fuerza descomunal es capaz de sacarle del atolladero. Hundido en el hielo hasta la panza, incapaz de liberarse, agoniza poco a poco. Sus aterradores lamentos resuenan en la nada blanca. Nadie parece escucharlos. Salvo ella. Su magia agudiza sus sentidos. Cada noche, con los ojos llenos de lágrimas, escucha en su lecho los lamentos del dragón. Piensa que su magia quizá sea capaz de liberarla. Pero el miedo es mas fuerte. Sabe que, aun herido, aun moribundo, en su dolor, podría acabar con ella. Su robusta cola, sus afiladas garras, su aliento letal... No sabe que hacer.... (continuará....) PensamientoEstaba leyendo Medio mago (otro de mis relatos inconclusos, y además "a cachos" al mas puro estilo puzle), cuando tropece con una frase que me dejó helado: “Es más facil odiar que amar, requiere menos esfuerzo. Es más facil destruir que crear” AsfaltoNi siquiera se dio cuenta, pero el brillo del asfalto mojado era idéntico al de la hoja de una navaja de afeitar bien afilada. Pero no se dio cuenta... No. Estaba demasiado ocupado en sortear coches a lomos de su moto. Y dentro de su ser, cual dragón enjaulado, se agitaba la ira, como una oleada, como el mar enfurecido que todo lo cubre, todo lo borra... Dar gas, frenar, cambiar de trayectoria con un ágil movimiento, lleno de brusquedad a cada instante, rozando los espejos de los coches con los contrapesos del manillar... Mientras, el asfalto dibujaba una sonrisa siniestra bajo sus ruedas, dispuesto a cobrarse su precio... Aquel chirrido de neumáticos le heló la sangre... Pero era demasiado tarde... Cuando despertó de nuevo a la realidad quiso deshacer el error. Freno suavemente, muy suavemente. Pese a todo, la rueda delantera resbaló sobre el pavimento húmedo. Ni siquiera tuvo tiempo de sentir miedo. Sin apenas acertar a comprender nada, impacto violentamente contra aquel enorme camión game over- murmuró el asfalto en un idioma que solo él conocía... (de mi cabeza al blog... y para L.) Una de cal y otra de arenaPara compensar el "cabreado" post anterior, ahí va esto.... Sentada en un extremo del bar, absorta en la pantalla del televisor, apenas llamaba la atención. Cuando quise darme cuenta cruzaba la puerta en dirección a la calle. Volvió levemente la cabeza hacia mí. Apenas pude intuir una media melena cobriza y aquella sutil sonrisa que me regalaba. Después se perdió en la noche, entre las luces de la ciudad y la llovizna, un interminable llanto que invitaba a acurrucarse en un cálido lecho. Me quedé quieto unos momentos sin acertar a comprender nada. Busqué una mesa donde sentarme. Por azares del destino fui a sentarme en la mesa que ella había ocupado. Distraído, acaricié la mesa con las yemas de los dedos. Entonces me topé con él. Un pequeño y delicado anillo de palta... Lo sostuve entre los dedos, incapaz de contener la alegría que llenaba mi ser..... (escrito en agosto de 2002) Fachada (y 2)Si mis relatos no hay quien los entienda..... pues ya si pongo un trocito mucho menos... Así que lo pongo enterito... (bueno, no esta terminado, como casi todo lo que escribo... pero bueno... pongo todo lo que hay). “Su dulce sonrisa me encandiló, me llenó de alegría. Pero pronto me percaté de que era falsa, una simple y traicionera fachada. Leve capa de pintura que cubre el óxido, óxido corroyendo el alma, veneno corriendo por las venas. Aquella impresión me aterró. Creía que los sentidos me habían traicionado, que la necesidad de encontrar a un semejante, cual nómada que se topa con otro humano tras días de caminar por el desierto, me había confundido. Pero cuando pude por fin charlar con ella en un lugar más apartado, me di cuenta de que no había errado. Tan solo estaba terriblemente cansada. Ansiaba como yo encontrar a un semejante y poder unir nuestras almas, regenerar esa energía perdida que ni el descanso, ni buenos alimentos, ni siquiera el sexo podían renovar. Pero no era ni el momento ni el lugar adecuado. Debíamos esperar, contener la impaciencia. El corazón es confuso... Así que me despedí de ella, regresé junto a mis compañeros de juerga. Traté de mitigar la inquietud de la espera ingiriendo alcohol, al que era inmune y no traía ni calma ni agitación a mi ser.” RelatoMe gusta escribir. Ya casi ni recuerdo la primera vez que me puse delante de un papel en blanco y dejé volar mi imaginación.... Desde entonces han pasado muchos años. Nadie me ha animado (más bien lo contrario) y muy poca gente ha leido lo que escribo. Por timidez... y por pudor ... que uno escribe cada cosa que.... Entre otras cosas, por eso creé la bitácora. Es un poco triste escribir algo y que nadie lo lea... Esta mañana he abierto una carpeta y he encontrado esto: Tenía el tacto su piel grabado en las yemas de los dedos. Cada vez que apretaba las manetas de los frenos, revivía la impresión de recorrer cada centímetro de su cuerpo. El susurro de su voz en sus oídos ahogaba el bramar del motor a más de 13.000 rpm. Se acercaba a esa horquilla de derechas. Frenó fuerte de delante y justo al llegar al ápice acarició el freno trasero para entrar cruzado. Se descolgó dulcemente hasta que el deslizador de su mono rozó el asfalto y esa sensación se le antojó idéntica a la de acariciar los delicados senos de Miriam. Roscó el puño a fondo al atisbar la salida del viraje y el tren delantero se elevó suavemente. Sentía su corazón tan lleno de alegría, de gozo, que apenas lo reconocía como suyo. Lágrimas calientes rodaban por sus mejillas, lágrimas de alegría... Debe hacer como un año que lo escribí y no recuerdo por qué, o si formaba parte de otro relato, no lo se. Tampoco se si lo voy a continuar.... Se lo dedico a Sire. Puede que me arrepienta de publicarlo... quizás os parezca una chorrada, quizás no lo entendais... pero ahí esta... |
DragonflySi logras que tus nervios y el corazón sean tu fiel compañero y resistir aunque tus fuerzas se vean menguadas con la única ayuda de la voluntad que dice: “¡Adelante!”
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